El tiempo amarillo

Un país aparte

Casi diez años después de su muerte, el recuerdo de Fernando Fernán Gómez sigue en gran medida asociado a su larga dedicación al teatro y al cine, donde ejerció no sólo como popular actor sino también como realizador de películas de culto, pero no cabe ignorar la faceta literaria de un autor de enorme versatilidad

El extraño viajero

En Fernando Fernán Gómez había un escepticismo de español templado que ha pasado toda su vida en minoría En la desleída televisión pública pasan a deshoras El extraño viaje y yo me quedo hasta las tantas viéndola una vez más, en una noche de finales de agosto en la que no cesa el calor. Cuando

‘El tiempo amarillo’, las memorias de Fernando Fernán Gómez

Prensa - Capitán Swing

Por suerte para los lectores y admiradores del gran e inclasificable personaje que fue Fernando Fernán Gómez, Capitán Swing ha reeditado sus memorias, ampliadas, en un solo tomo, ya que anteriormente se encontraban divididas en dos volúmenes (Debate, 1988). No son unas memorias convencionales; cada apartado nos evoca paisajes perdidos, personajes entrañables, como esa madre soltera

Capitán Swing recupera El tiempo amarillo, las memorias de Fernán Gómez

La editorial Capitán Swing ha recuperado ‘El tiempo amarillo’, las memorias del actor Fernando Fernán Gómez que recorren más de 70 años de recuerdos de uno de los cómicos más importantes del cine español y cuya reedición cuenta con el prólogo del periodista Luis Alegre.

‘El tiempo amarillo’ contiene más de 600 páginas, a pesar de que el propio Fernán Gómez reconoció que no le gustaban “los libros gordos” y, en ellas, con orden cronológico, el actor repasa los hechos más importantes de su carrera junto con reflexiones acerca de su profesión y, también, fuera de ella.

Acompañado de un centenar de fotografías, el escritor habla de sus vivencias con la Segunda República, sus inicios como actor, sus trabajos con grandes directores de teatro como Jardiel Poncela o de cine como José Luis Garci y sus relaciones con otros compañeros como Tony Leblanc o Lola Flores.

Como el propio Fernán Gómez explica, estas memorias no dejan de ser una reivindicación de su labor como actor de cine y de teatro “no musical”, condición que a su entender no le permitió alcanzar el reconocimiento que otros sí lograron. De este último grupo, cita en la obra a nombres conocidos como Montserrat Caballé, Julio Iglesias o Miguel Bosé, entre otros.

“Lo singular de los actores afortunados en España es que después de alcanzado lo que en apariencia es el éxito nos vemos obligados a seguir esperándolo. Esta situación podría ser la razón suficiente para no llevar a cabo esta autobiografía (…) pero, por otro lado, quizás no sería erróneo pensar que en esa situación de permanente espera pueda constituir su interés”, explica el autor.

‘Mamá cumple cien años’, ‘Mambrú se fue a la guerra’ o ‘La colmena’ son algunas de las películas en las que participó Fernán Gómez y que forman parte de sus recuerdos. El polifacético actor también se puso detrás de la cámara para cerrar obras como ‘El viaje a ninguna a parte’ y escribió novelas que terminaron en la gran pantalla como ‘El mar y el tiempo’.

Los últimos años que están recogidos en ‘El tiempo amarillo’ cuentan con una menor profusión de detalles y el cómico se centra más que nunca en sus proyectos, como la película ‘Pesadilla para un rico’ protagonizada por Carlos Berlanga y Beatriz Rico, calificada como “diario de una pesadilla” por sus dificultades para salir adelante.

UNA PERSONA “ALEGRE Y TIERNA”

El prólogo corre a cargo de Luis Alegre, amigo de Fernán Gómez que dirigió junto a David Trueba ‘La silla de Fernando’, un documental a modo de homenaje con conversaciones con el popular actor. Alegre hace un recorrido más personal del cómico, resaltando anécdotas vividas junto a él o de amigos cercanos.

Alegre no olvida algunos sucesos que hicieron aún más conocido a Fernán Gómez en su última etapa, como el episodio en que negaba un autógrafo a un admirador mandándole “a la mierda”, o su rifi rafe con el periodista de ‘Caiga quien caiga’ Pablo Carbonell. En cualquier caso, lo define como alguien “delicado, tierno y cariñoso” cuando estaba “en su salsa”.

El abuelo nos salió anarquista

Cuando Fernando Fernán Gómez murió, en noviembre de 2007, una bandera rojinegra anarquista cubría su féretro expuesto en la capilla ardiente. Mucha gente se sorprendió.

Igual que mucha gente se sorprenderá de que ahora hablemos aquí de Fernán Gómez: pero lo cierto es que no fue un actor, escritor o director más. Su vida, cada vez más desconocida para el último par de generaciones y conocida sólo en su faceta de abuelo mediático y cascarrabias para los treintañeros, esconde algunos fogonazos del siglo XX. Ahora, la editorial Capitán Swing reedita sus memorias, El tiempo amarillo. Como explica el editor del libro, Daniel Moreno, “al igual que en su vida, en sus memorias se alterna lo popular con lo culto, lo clásico con lo romántico, la vanguardia con lo convencional, Bertolt Brecht con Massiel”.

David Trueba (coautor del documental-conversación con FFG La silla de Fernando) nos aclara qué tenemos entre manos: “Es uno de los libros de memorias más hermosos que se han escrito en España”.

Siempre fue feo, en sus propias palabras, con envidia de galanes como Paco Rabal. Por eso nunca notó que con el tiempo empeorase. Trueba, además de considerar su faceta de director a la altura de Buñuel o Berlanga, llegó a conocerle bien. “Lo que más recuerdo eran las risas, era el mejor conversador imaginable”. Para Luis Alegre, corresponsable de La silla de Fernando y del prólogo de estas memorias, hay consenso: “Soltaba una genialidad detrás de otra”.

Individualista y libertario

Miembro del sindicato de actores de CNT desde 1936, reconocía las asambleas anarquistas “tan aburridas como las misas de los domingos” y aprendió las bases del oficio en una escuela de arte dramático organizada por la confederación libertaria. Fernán Gómez comenzó su carrera como actor en plena guerra civil, en zona roja y con un carnet cenetista en el bolsillo.

FFG nos ahorró siempre las melosas idealizaciones de la profesión: para él sólo era un oficio, lo único en que, más allá de hacerlo bien o no, se había profesionalizado. Para él, el trabajo de actor, junto al de escribir y posteriormente dirigir, eran sólo una especie de compensaciones por cuestión de habilidades y tiempo: ” No sé conducir, no sé bailar, no sé montar en bicicleta. No sé hacer otras muchas cosas que cualquier hace”.

Esta concepción del trabajo como mero instrumento le hizo reconocer que aceptó papeles en función de intereses más o menos hedonistas como la cercanía en el rodaje a ciertas actrices. Para Fernando, lo personal estaba siempre por encima de lo profesional. Una concepción en el fondo individual y libertaria, perfectamente encajada en su defensa feroz del particular mundo del cómico.

Ateo de cualquier sistema y marcado por la derrota

Atraído por el anarquismo por oposición a todo lo demás, consideraba al estado como enemigo de los individuos. Su fascinación ácrata provenía de que no podía probarse la inviabilidad del estilo de vida anarquista: “Cuando en algún perdido rincón un grupo de locos se atrevió a probar, fueron exterminados a sangre y fuego”. FFG era una especie de ateo del capitalismo y del comunismo. “Él se sentía libertario. Decía que el comunismo y el capitalismo habían fracasado y nos habían llevado a un mundo injusto y cruel”, relata Alegre.

Pasó la guerra civil deseando que terminara, pero suyo es otro de los remates a la tragedia española. ” No ha llegado la paz: ha llegado la victoria”, se advierte en el final de su obra de teatro Las bicicletas son para el verano. Tras 40 años de la más cruel de las victorias, y a pesar de ser acusado de pasar sus mejores años profesionales durante la dictadura, sus memorias ofrecen la más simple pero también certera descripción del clima político a la muerte de Franco: ” El champán lo tomamos en privado”. Para Daniel Moreno, “el suyo fue un anarquismo muy machacado por la perspectiva vital de la derrota”.

Quizá mucha gente no sepa, o no recuerde ya que FFG participó junto a su pareja de entonces, la actriz Emma Cohen, en el multitudinario mítin que CNT organizó en Montjuïc en 1977. Él mismo decía que nunca se atrevió a ser un revolucionario, pero sus últimos años los habitan artículos en prensa recordando la muerte de Carlo Giuliani por la policía en Génova en 2001 y su participación en las movilizaciones del No a la Guerra en 2003.

Cuando su cuerpo sin vida fue cubierto por la rojinegra, la oficialidad política prefirió quedarse con aquello que podía asimilar mejor. Con el abuelo gruñón. Con aquel “váyase usted a la mierda” que escondía una vida marcada por el deseo de que todo fuera diferente.

El tiempo amarillo

El título de estas memorias procede de unos versos de Miguel Hernández: «… un día / se pondrá el tiempo amarillo / sobre mi fotografía». El tiempo amarillo reúne en un solo volumen todos los recuerdos del cómico, escritor y director de cine Fernando Fernán-Gómez. A través de más de 600 páginas