Ciudades hambrientas

La ciudad me come

Tokio es la ciudad más poblada del planeta, con 38 millones de habitantes, Sao Paulo tiene 21 y Nueva York, 18. Auténticos gigantes. Madrid capital acoge a 3 millones, parecido a Londres, mientras que Barcelona se queda en la mitad. Cada una de esas personas es una boca que alimentar. Pero la mayoría de urbanitas,

Cambiar la alimentación de las ciudades puede salvar el mundo: ¿cómo?

Carolyn Steel en su libro ‘Ciudades hambrientas’, editado por Capitán Swing, nos propone todo un recorrido histórico de cómo la comida ha conformado a las ciudades y viceversa. Para ello analiza los alimentos, su producción, distribución, consumo, preparación y sus residuos. “Alimentar ciudades tiene un mayor impacto sobre nosotros y nuestro planeta que cualquier otra cosa que hagamos”, subraya la autora. “Los

“La única comida buena es aquella que no contribuye al cambio climático”

Carolyn Steel (Londres, 1959) estudió arquitectura, pero pronto descubrió que su interés  no tenía que ver solo con los edificios, sino más bien “con cómo nos relacionamos con ellos”. Por ello, lleva años investigando la vida interior de las ciudades y tratando de desarrollar un enfoque del diseño urbano que tenga en cuenta las rutinas

“Yo tendría cuidado con los pollos de cinco euros”

Arquitecta de formación, la británica Carolyn Steel ha cultivado desde la infancia una curiosidad por la forma en que nos alimentamos que ha cuajado en Ciudades hambrientas (Capitán Swing), un interesantísimo libro en el que aborda la cuestión de la alimentación como un factor determinante en el diseño de las ciudades. ¿Somos lo que comemos?

«Es demencial decir que la comida basura contribuye a a que haya menos hambre en el mundo»

Alimentar ciudades tiene un mayor impacto sobre nosotros y nuestro planeta que cualquier otra cosa que hagamos. Sin embargo, la mayoría vemos aparecer la comida en nuestro plato como por arte de magia, sin preguntarnos cómo ha llegado hasta ahí, una cuestión más compleja cuanto más crecen y se masifican las ciudades, y más nos

Así moldea el mundo nuestra comida

Alimentar a las ciudades, esas insaciables devoradoras de comida, ha marcado el diseño de las propias urbes, pero también el tamaño y distribución de las viviendas o la política exterior; ha impulsado conquistas y colonizaciones, y ha transformado por completo paisajes a miles de kilómetros de distancia de ellas. A los emperadores romanos, gobernantes de

“Creamos la ilusión de la comida barata tratando a la naturaleza como si nos la diera gratis”

Quizá usted no se haya fijado, pero si su ciudad tiene cierta historia habrá calles con nombre de comida. La calle de las Huertas, en Madrid, proviene de las huertas que había hasta el s.XVII; el carrer de l’Hort de Sant Pau, en Barcelona, por el huerto del convento de San Pablo del Campo. En

Carolyn Steel: La agroalimentación moderna es la mayor catástrofe ecológica

“El sistema agroalimentario moderno constituye la mayor catástrofe ecológica de nuestro tiempo” debido a su devastador impacto sobre el equilibrio de los ecosistemas, la conservación de la biodiversidad y la vida humana, advierte la arquitecta y profesora Carolyn Steel. Steel, que acaba de editar en español su libro “Ciudades hambrientas: cómo el alimento moldea nuestras

Ciudades hambrientas y urbanismo alimentario

El hambre ha vuelto a ser visible en nuestros entornos urbanos, y en muchos casos están siendo las despensas comunitarias y las redes de ayuda mutua vecinal quienes de forma ejemplarizante están garantizando el derecho a la alimentación ante la lentitud y pasividad institucional. En este artículo, mirando más allá de la evidente urgencia social

Ciudades hambrientas

La comida da forma a las ciudades y moldea el campo que las abastece. Podría decirse que alimentar ciudades tiene un impacto sobre nosotros y nuestro planeta mucho mayor que cualquier otra actividad humana. Sin embargo, pocos ciudadanos occidentales somos conscientes del proceso. La comida llega a nuestros platos como por arte de magia, y