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Una curiosa historia del sexo

Por Cadena SER  ·  25.06.2022

Iniciamos este recorrido histórico en una Roma donde se contemplaba el sexo de manera muy diferente a la actual y que el cine y la literatura no han deseado reflejarlo con la crudeza y cotidianidad que se vivía. La Edad Media y el renacimiento asumieron como necesario el oficio que ocupaba a los más jóvenes y permitía reducir la violencia sexual derivada de la abstención indeseada del hombre. En el siglo XVI, el 12 de noviembre de 1543, Felipe II con dieciséis años hace su entrada solemne en la ciudad de Salamanca en medio de una gran expectación popular. El príncipe se va a desposar en la ciudad con la princesa María Manuela de Portugal quedándose asombrado de cómo esta señorial capital funde en su seno el templo del saber, la luminaria del cristianismo europeo, y al mismo tiempo es la Sodoma y Gomorra Occidental. Una de las tres lumbreras del mundo, y junto a Roma y París, uno de los tres putiferios del orbe conocido.

¿Es el himen un certificado de virginidad? ¿Afecta al rendimiento deportivo la práctica previa de sexo? ¿Hicieron los médicos victorianos una máquina masturbadora para luchar contra la histeria femenina? ¿Facilita el cáncer de próstata la masturbación frecuente? En toda leyenda o ficción el instinto sexual está tan presente como el de supervivencia o el de poder. Su historia se ha ido llenando de engaños y falsedades, mitos y hallazgos. La historiadora británica Kate Lister nos comenta algunos de estos mitos que ella misma ha estudiado para su libro «Una curiosa historia del sexo«, que acaba de traducir y editar Capitán Swing.

Lister desvela y corrige muchas leyendas instaladas en muchos de nosotros, con un estilo descarado y humorístico: “Los humanos son las únicas criaturas que estigmatizan, castigan y se avergüenzan de sus deseos sexuales. Si bien todos los animales tienen rituales de cortejo, ningún animal salvaje ha ido a terapia para confesar su fetichismo por el látex. La abeja reina se acuesta hasta con cuarenta parejas en una sesión y vuelve a su colmena empapada de semen, con las pollas cortadas de sus conquistas, pero ni un solo zángano la llamará «puta». Los babuinos macho se follan alegremente todo el día sin temor a ser enviados a terapias de «reorientación sexual». Por el contrario, la culpa que sentimos los humanos por nuestros deseos puede ser paralizante, y se infligen severos castigos a aquellos que rompen las reglas”.

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