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Un islandés descubrió América 500 años antes que Colón (y otras historias sobre cómo Islandia cambió el mundo)

Por La Sexta  ·  11.07.2024

El periodista Egilli Bjarnason elabora en Cómo Islandia cambió el mundo un listado de anécdotas que cambiaron la historia desde una pequeña isla con menos de 400.000 habitantes

Hasta el año 874 después de Cristo nadie pensó que era buena idea vivir en este pedazo de terreno de frío y lava al norte del Atlántico.

Llamada ‘Tierra de hielo’, después de descartar ‘Tierra de nieve’, Islandia es un país menos poblado que la provincia de Albacete y que, sin embargo, ha sido fundamental en la historia de la humanidad muchas veces sin proponérselo.

Tierra de vikingos

El vikingo Leif Eriksson, hijo del famoso noruego Erik el Rojo, fue el primer colono en América, donde vivió quinientos años antes que el propio Colón. Pero como no le pareció importante contárselo al mundo, nadie le atribuyó el mérito del llamado descubrimiento. Aunque se ha discutido mucho el lugar, que aparece ampliamente nombrado en las sagas vikingas, se ha llegado a la conclusión de que podría ser al norte de lo que hoy llamamos la Isla de Terranova, en Canadá.

El vikingo Leif Eriksson, hijo del famoso noruego Erik el Rojo, fue el primer colono en América

Es una de las muchas sorprendentes historias en torno al mar y a la navegación que nutren el folklore de una nación que tiene su propia palabra para definir cuando te pierdes en el océano, “hafvilla”, y 156 entradas en el diccionario para definir distintos tipos de viento.

Israel, así, de repente

Hasta 1944 Islandia estaba ligada a la vecina Dinamarca. En el siglo XIX a la isla también llegaron los aires nacionalistas que soplaban por toda Europa y surge un movimiento independentista que tuvo su primer éxito en 1874, cuando Dinamarca le concedió autonomía a la isla.

Con el tiempo pasó a ser un reino soberano unido al rey danés, hasta que en 1944, al calor de la II Guerra Mundial, cortaron dicha relación y se estableció la República de Islandia. Un año después, firmaban su entrada en la Organización de las Naciones Unidas.

Islandia acabó siendo clave en la creación de Israel

Siendo un país tan joven acabó formando parte de la comisión que decidiría el futuro de Palestina dividiendo su territorio para acoger a Israel. Cuando llegó el turno de defender esta decisión, dos países, Australia y Tailandia, se descolgaron porque temían que dar la cara fuera a crearles problemas, así que la responsabilidad recayó en el delegado islandés, cuyo discurso fue tan convincente que no hace falta explicar lo que ocurrió después.

El futuro empezó aquí

Cuando miren la Luna, piensen en Islandia. La similitud de ambos paisajes llevó a la NASA a entrenar allí a Armstrong y los suyos antes de viajar al espacio.

Y el movimiento feminista europeo no sería el mismo sin las mujeres islandesas, que paralizaron todo el país el 24 de octubre de 1975 cuando convocaron una huelga de mujeres a la que se apuntó el 90% de las censadas en el país. Una jornada histórica en un país tremendamente machista que, aunque contemplaba en su Constitución que hombres y mujeres cobraran lo mismo, la brecha salarial era de más del 60%. Incluso en trabajos en los que la mayoría eran mujeres, cualquier hombre cobraba más.

Aquella jornada les dio tantas fuerzas que solo cinco años después Vigdís Finnbogadóttir era elegida presidenta, siendo la mujer con el mandato más largo en todo el mundo, pues estuvo dirigiendo el país durante 16 años.

Un periodista local

Hay más ejemplos, todos ellos están en el libro Cómo Islandia cambió el mundo, del periodista Egill Bjarnason, curtido en la prensa de su localidad natal, Selfoss. Tan tan local que sus primeros reportajes llevaban titulares como ‘Eso de ahí no es un churro: encuentran una bolsa de juguetes sexuales en la piscina’. Historias que escribía para un diario cuyo jefe, una vez, le pagó con una bicicleta.

Con el tiempo, siguiendo a sus ganas de crecer en lo personal y en lo profesional, cogió esa misma bicicleta y recorrió la carretera que circunvala la isla para acabar en Reikiavik, la capital de esa pequeña isla en la que apenas pasa nada.

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