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“Tenemos una democracia política pero no tenemos una democracia económica”

Por El Mundo  ·  06.06.2023

Hacerse más pequeño, como Alicia para entrar por la puerta que da acceso al País de las Maravillas, se ha convertido en una pujante teoría económica. El decrecentismo, que pretende construir un mundo en el que el principal indicador ya no sea el Producto Interior Bruto, sino la Felicidad Interior Bruta, que decía el rey de Bután, triunfa en Europa y sus gurús ya sientan cátedra, literalmente, en España. Quizá su líder más mediático, Jason Hickel, acaba de fichar por el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona, y trae bajo el brazo el manual de instrucciones del movimiento: Menos es más. Cómo el decrecimiento salvará el mundo (Capitán Swing).

Nacido en 1982 en Swazilandia, a donde sus padres médicos se fueron a luchar contra el sida, Jason se mudó al hemisferio norte para convertirse en antropólogo económico y luchar contra el capitalismo. “La mayor parte de mi carrera acepté la idea de que el progreso constante era necesario para mantener la economía y lograr los objetivos sociales, pero las crisis me han dejado claro que esta historia no es exactamente así”, explica. “Se puede ver claramente en naciones muy ricas como Estados Unidos, con unos niveles muy altos de PIB pero muy bajos en logros sociales. Lo que importa no es aumentar la producción, sino ver si las personas tienen acceso a las cosas que necesitan”.

Entre las que no se necesitan, este asesor de Naciones Unidas, del Green New Deal para Europa, y de la Comisión Harvard sobre Reparaciones y Justicia Redistributiva, cita los chuletones, los todoterrenos, las mansiones, los jets privados, la publicidad y la moda rápida: “A ver, no digo que no las necesitemos, digo que necesitamos una conversación democrática sobre cómo queremos usar nuestras capacidades productivas y recursos energéticos en medio de una emergencia climática. Tenemos que reconocer que para evitar un colapso climático y lograr nuestros objetivos de París hay que reducir consumo energético. Los jets privados, por ejemplo, usan mucha energía”.

Antes de entrar en materia, Hickel describe con detalle el inminente apocalipsis climático que se nos viene encima: “¿La ola de calor mortífera que sacudió Europa en 2003? Eso será un verano normal. España, Italia y Grecia se convertirán en desiertos, con un clima más parecido al del Sáhara que al del Mediterráneo que conocemos hoy”.

Sin embargo, tampoco le convencen “las recetas del movimiento verde”. Su motivo es sencillo: “No presta atención a las necesidades de la gente corriente, a la que con demasiada frecuencia se hace sufrir para alcanzar objetivos ecológicos. Lo vimos en Francia con el desastroso impuesto a los combustibles. La política ecológica sin política social es mala política. En algunos países los gobiernos están tratando de reducir la producción de carne, pero no puede hacerse a expensas de los pequeños productores de las comunidades rurales. Si haces esto el resultado es sufrimiento y una reacción negativa”.

El manual de Hickel propone” liberar a las personas del trabajo innecesario e invertir en los bienes que necesita la gente para disfrutar de una vida próspera. Es el primer paso hacia una civilización más ecológica. Por supuesto, estas medidas pueden hacer que el PIB crezca más despacio, que deje de crecer o incluso que decrezca. Si eso ocurre, no pasa nada, porque lo que importa no es el PIB (…) Podemos usar nuestro trabajo y nuestros recursos para producir sanidad pública, educación, transporte público, vivienda asequible, granjas ecológicas y comida sana directamente”.

¿Y esto quién lo paga?No entiendo qué me quieres decir.¿Si las empresas ganan menos dinero cómo pagan los impuestos que financian la sanidad y educación públicas?¿Estás diciendo que necesitamos que las empresas produzcan más para poder tener atención médica pública y viviendas asequibles? Esto no tiene sentido. Es una falacia decir que requerimos la producción privada de cosas que generen beneficios para que podamos producir cosas que sirvan a las personas (risas). No se trata de quién paga, sino de financiar los bienes y servicios que necesitamos. Esta ha sido siempre una reivindicación de la clase obrera, incluso en España. Me refiero a que movilicemos nuestras capacidades de producción en torno a las necesidades humanas. Esto no significa la abolición del mercado, podemos tener mercados, los mercados son importantes, pero deberíamos organizar la producción de otra manera.Habla del capitalismo como responsable de la destrucción del planeta. ¿No lo es también de su conservación? Quiero decir, una empresa hotelera necesita tener la playa limpia para ganar dinero, e incluso una maderera necesita plantar árboles.¿Y crees que el capitalismo está protegiendo adecuadamente el planeta? Con el capitalismo los ciudadanos tenemos que aceptar qué se produce, en qué condiciones y a quién se beneficia. La mayoría de empresas y ciudadanos, incluidos tú y yo, no podemos decir ni una palabra en todo este proceso. Tenemos una democracia política pero no tenemos una democracia económica. No es sólo que el capitalismo produzca demasiado, es que tampoco produce suficiente de las cosas que necesitamos. El sistema no está protegiendo a la naturaleza ni a la gente. Los granjeros están sufriendo, los trabajadores están sufriendo, los jóvenes están sufriendo en primera línea la crisis social y ecológica, está claro que tenemos que pensar en este problema que no es intelectualmente aceptable.

Si comunismo es una economía que cubre las necesidades humanas preservando la naturaleza, llámalo comunismo

Los ataques de Hickel al capitalismo suenan a los del comunismo e, incluso, coinciden con Karl Marx. “Los economistas siempre han reconocido que, para que pudiera surgir el capitalismo, había sido necesario algún tipo de acumulación inicial”, escribe en su libro. “Adam Smith llamó a esto la ‘acumulación previa’ y defendió que se produjo porque hubo unas cuantas personas que trabajaron mucho y ahorraron lo que habían ganado, una historia idílica que todavía se repite en los manuales de economía. Para los historiadores, sin embargo, esto es una ingenuidad. Aquello no fue un proceso inocente de ahorro. Fue un proceso de expolio. Karl Marx insistía en llamarlo ‘acumulación primitiva’, para subrayar el carácter bárbaro de la violencia que trajo consigo”.

La réplica de Hickel es que Marx es “un teórico social” como los cientos que cita en su libro. “Igual que Adam Smith, la obra de Marx es importante para nuestro intelecto y deberíamos leer a esta gente. Estamos en el siglo XXI y necesitamos soluciones que no se ofrecían en el siglo XX. No estamos hablando de si mantener el capitalismo o volver a las sociedades comunistas controladas del siglo XX. Si por comunismo quieres decir una economía donde se cubren los servicios y las necesidades humanas preservando la naturaleza, pues llámalo comunismo.

Quienes no se salvan en su libro son Cristóbal Colón o Hernán Cortés, como responsables del capitalismo primitivo: “Cuando los europeos empezaron a colonizar América en las décadas posteriores a 1492, no lo hicieron movidos por las ideas románticas de la ‘exploración’ y el ‘descubrimiento’, como dicen nuestros libros de texto. La colonización fue una respuesta a la crisis de desacumulación que atravesaban las élites, provocada por las revoluciones del campesinado en Europa. Era una ‘solución’. Igual que recurrieron al cercamiento en su propio territorio, las élites buscaron nuevas fronteras para la apropiación en ultramar, empezando con el primer viaje a América de Cristóbal Colón. (…) Carlos I de España otorgó el mayor honor del reino a Hernán Cortés, el conquistador que había asesinado a cien mil indígenas durante el avance de su ejército por México y la destrucción de la capital azteca de Tenochtitlán. (…) En las primeras décadas del ascenso del capitalismo, el cercamiento y la colonización se utilizaron como parte de la misma estrategia”.

¿No es un poco cruel su descripción?Creo que la historia es bastante clara en cuanto a la crueldad de los hechos. En México masacraron a 100.000 personas…¿Los españoles?No, no y esto es importante entenderlo. Ese fue un proyecto de clase para las élites europeas, las élites británicas, las élites francesas, las élites españolas. ¿Por qué nosotros, como gente común, deberíamos sentirnos culpables por los crímenes de la clase dominante europea? Veo que en España, y es extraordinario, si alguien critica a Cristóbal Colón es una afrenta a España y a los españoles. No deberíamos verlo de esta forma. Deberíamos poder criticar a las clases dominantes y las cosas que hicieron. Hicieron lo mismo con el campesinado europeo. La explotación de la clase obrera europea fue realizada por la misma clase, la misma que colonizó América brutalmente, debemos tener una crítica unificada y así seremos capaces de unir a la gente común de España y a la que sufrió bajo el dominio colonial, y que entiendan que son víctimas de los mismos procesos”.Y esas élites que dominan el mundo desde Colón hasta ahora, ¿quiénes son? ¿Elon Musk? ¿Amancio Ortega? ¿Cualquiera que se haya hecho rico y haga crecer el PIB son los malos?No, no creo que debamos demonizar a las élites. Quiero decir, podemos hablar sobre el 1% que conocemos, como una categoría que tiene una parte muy desproporcionada de la riqueza, de la producción, y de las emisiones. Según investigaciones recientes, solo el impacto de los millonarios en la huella de carbono hará imposible limitar el calentamiento global a 1,5 grados hasta el 2050. Y esto no quiere decir que las elites sean los malos. Pido una distribución más democrática del control de la producción y del rendimiento. Creo que todo el mundo estaría de acuerdo con nosotros. Según las encuestas el 70% u 80% apoya estas ideas de servicios públicos universales, distribución justa de los beneficios, democracia económica, salarios dignos. Creo que debemos prestar atención a lo que pide la gente.¿El medio ambiente estaría mejor si hubiera ganado el comunismo?Depende del país. Hay una gran diversidad de estados comunistas. La URSS, como sabemos, fue muy destructiva ecológicamente, porque se movilizó en torno al crecimiento perpetuo de la industria pesada porque había una guerra fría contra los EEUU. Entre los países no comunistas algunos son muy ecológicos y otros menos. Cualquier economía que está fracasando en estos objetivos es una mala economía y debemos transitar hacia una mejor. Existe un extraño tabú en nuestra cultura contra criticar el capitalismo o hablar de una nueva economía. Y es muy extraño porque en nuestra cultura celebramos el valor de la innovación y las ideas frescas, pero por qué no llevamos estos valores a la cuestión de la economía para que podamos idear una adecuada para el siglo XXI.Igual nuestra generación no verá un plan B al capitalismo.No lo creo, y aquí los medios jugáis un papel fundamental. No depende de los investigadores vender esta narrativa, depende de los medios crear un espacio para que suceda esta conversación. Y hay una reacción de los medios que impide que se produzca la conversación que necesitamos, e imaginar una economía postcapitalista. Quizá haya que tener la conversación, pero en Europa crece la extrema derecha y los jóvenes, según varias estadísticas, cada vez creen menos en la democracia.Este punto es muy importante. Y me resulta extraño escuchar a las clases dominantes preocupadas por el hecho de que la gente está insatisfecha con la democracia. ¡Pero si era lo previsible! Si tienen el control corporativo de los medios de comunicación, y de los políticos financiando sus campañas. No vivimos en una democracia propiamente dicha. No es sorprendente en absoluto. Ven que su voz no cuenta. Ven que algunas clases, ciertas empresas, tienen más influencia y tienen razón. Necesitamos tomar medidas serias para restaurar la democracia en Europa, que está brutalmente pervertida y a nadie le gusta.¿Y usted decrece personalmente a diario para decrecer?Pues hago lo que puedo, como los demás, pero el objetivo final es la transición de nuestra economía. La mayoría de la gente lucha por llegar a fin de mes. No puedes hablar de decrecimiento a nivel personal para esta gente. Algunos tienen más control sobre su consumo, pueden coger menos aviones, pero no todos tienen esa opción. Si vives en un pueblo que no tiene transporte público no puedes conducir menos. Si el propietario que te alquila la vivienda no tiene electrodomésticos eficientes pues no puedes usar menos energía en tu casa.

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