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Manual del perfecto proxeneta

Por El Mundo   ·  26.02.2016

Con su libro ‘Pimp: Memorias de un chulo’, Iceberg Slim se convirtió en un icono para los afroamericanos, al mismo nivel que Malcolm X o Ralph Ellison, por su cruda descripción de la “experiencia negra”: drogas, violencia y explotadores de mujeres.
Para Irvine Welsh (‘Trainspotting’), “es posiblemente hoy una lectura tan esencial como William Shakespeare”.

“Zorra imbécil y cagada, ¿para qué coño te crees que tengo el bolsillo del culo lleno de rasca [pasta]? Venga, sal ahí fuera y ponte a trabajar. No te preocupes por la lluvia. Muévete entre las gotas, zorra”. Mientras Martin Luther King recorría EEUU movilizando a la comunidad negra, mientras circulaba la Autobiografía de Malcolm X y los Panteras Negras lanzaban su ofensiva contra la explotación blanca, miles de afroamericanos leían frases como aquélla, en la que un chulo le negaba refugio en su coche a una de sus prostitutas. Era 1967 y el libro era Pimp: Memorias de un chulo, que ahora reedita en español Capitán Swing, y en el que el ex-proxeneta Iceberg Slim daba cuenta de una vida dedicada a la explotación de mujeres negras.

El libro fue polémico por su cruda descripción de los bajos fondos en los guetos, pero también se convirtió en un fenómeno cultural. Frente a la literatura elevada de otros afroamericanos, como Ralph Ellison, Pimp hablaba de la “experiencia negra” real para muchos millones de personas que vivían en condiciones durísimas. Abusos sexuales, corrupción de menores, violencia salvaje contra las mujeres (explicaba cómo golpearlas con una percha de alambre), consumo de drogas, introducción forzada en éstas o justificación del delincuente iban desfilando en las páginas. Iceberg Slim, de nombre real Robert Beck, lo planteaba como una fábula moral para expiar sus pecados, una historia de redención, aunque el efecto que tuvo fue casi el opuesto. Tras su publicación, el antiguo chulo se embarcó en una carrera como escritor, con novelas pulp sobre el mundo que había conocido. Su estética acabó influyendo definitivamente la Blaxploitation, el subgénero cinematográfico destinado al público de color, con películas como Shaft (1971) y Super Fly (1972). Su legado fue también decisivo en la fijación del canon del hip hop, con su glorificación de lo criminal y, más concretamente, del proxenetismo. Nombres tan importantes del rap como Ice-T y Ice Cube, tomaron su sobrenombre de Slim, mientras que Snoop Dogg se inspiró tanto en él para sus letras que llegó a convertirse él mismo en un chulo, según asegura.

El propio aspecto físico de Iceberg Slim decía mucho de él. Alto y delgado, se ganó su sobrenombre una noche en que, puesto de cocaína hasta las trancas, presenció un tiroteó en un bar mientras bebía una copa en la barra. Una bala perdida le atravesó el sombrero, pero él siguió bebiendo como si nada. Su imagen de tipo frío como un bloque de hielo era extensible a su trato hacia las mujeres, a las que decía seducir con su aspecto impecable de trajes caros, zapatos lustrosos y joyas en los dedos. Una imagen que siguió cultivando muchos años después, como se puede ver en las fotografías promocionales de ‘Reflections’, un disco de ‘spoken word’ funk donde relataba sus fechorías.

“Un ejemplo decente”

“Con este libro”, arrancaba Iceberg sus memorias, “te llevaré conmigo, lector, hacia el mundo secreto de los chulos […] La descripción de mi brutalidad y mi ingenio como chulo provocará en muchos repugnancia; no obstante, si una sola persona inteligente y valiosa, hombre o mujer, puede salvarse de este fango destructivo, el descontento que haya podido generar se habrá visto superado por este uso individual y socialmente constructivo del potencial humano”. El autor dice después, solemne: “Quizá mis remordimientos por mi espantosa vida disminuyan hasta el nivel en que en este único libro se me ha permitido purgarme. Quizá un día pueda ganarme el respeto como ser humano de provecho. Por encima de todo, aspiro a convertirme en un ejemplo decente para mis hijos, en memoria de esa maravillosa mujer que está ya bajo tierra: mi madre”.

Sin embargo, leyendo el libro no se diría lo mismo, dada la actitud ambivalente y misógina (siempre defendió que un buen chulo debe odiar a todas las mujeres, empezando por su madre) del narrador. Al final del relato, tras su enésima condena, dispuesto a dejar para siempre el mundo de la prostitución, visita a su madre poco antes de morir: “Aquellas putas asquerosas se lo habrían pasado en grande si hubiesen podido ver al viejo Iceberg allí fuera, llorando como un capullo porque se había muerto su vieja”.

Precisamente es la relación con su madre uno de los ejemplos de su ambivalencia. Su padre lo estampó contra la pared siendo él un bebé y luego les abandonó. Con tres años sufrió abusos sexuales por parte de la niñera que lo cuidaba, quien le obligaba a darle placer oral hasta que el niño acababa casi asfixiado y sin poder soportar el dolor en el cuello. Así comienza el libro. Luego su madre volvió a casarse con un hombre pío y trabajador, el único por el que Iceberg sintió una mínima empatía, pero le abandonó por un embaucador. A partir de ahí, dando tumbos de un lugar a otro, Slim quedó contaminado por el “veneno de las calles”.

Unas calles en las que imperaba su propio código (el libro incluye un glosario en el que se explica que, por ejemplo, la cuadra es el grupo de putas que pertenecen a un chulo) y que Iceberg analizó desde una óptica social. Aunque los Panteras Negras le rechazaron por ser “parte del problema” en la opresión de los blancos sobre los negros, él tenía su propia teoría: “Mi puta negra era una vía segura para conseguir pilas de rasca de los blancos, de ese prohibido mundo blanco”.Iceberg denunciaba un sistema que llena las cárceles de minorías étnicas y en el que la policía oscila entre la connivencia de para mantener el submundo criminal y la brutalidad. Pero también hablaba del prototipo del chulo negro como derivación directa de la época de la esclavitud, cuando los varones afroamericanos eran tratados como caballos: sementales para engendrar nuevos esclavos sanos y fuerza bruta de trabajo.

Pero Iceberg tampoco quería justificarse. En una entrevista con Los Angeles Free Press aseguraba: “Es contrarrevolucionario para los negros vivir a costa de otros negros o alimentarse de blancos pobres. Reconozco la necesidad que lleva a la delincuencia en los barrios negros de EEUU. Comprendo que, para sobrevivir, los negros tienen que robar. Pero no apruebo la delincuencia. Creo que lo necesario para ser un delincuente con éxito podría ser utilizado de forma más constructiva. Por ejemplo, si un chulo tiene suficiente cableado en su cerebro para controlar a nueve mujeres, sin duda no le merece la pena dedicarse a eso. Así que si eres negro y estás obligado a ser un delincuente, no me robes a mí. Vete allí. Roba a los blancos ricos”.

En el documental Iceberg Slim: Retrato de un chulo, producido en 2012 por Ice-T, el antiguo proxeneta abundaba en este aspecto: “Tenías que saber cómo controlar y dirigir la cuadra , saber brillar, confundir, embaucar, embelesar e hipnotizar a una mujer. Y no sólo a una, sino a ocho o nueve. Y que trabajen de forma armoniosa. Y si piensas que esto no es trabajar, amigo mío, pregúntale a cualquier hombre casado”.

Por todo este legado, Irvine Welsh, autor de Trainspotting y del prefacio de estas memorias, sostiene que Slim, “en términos de impacto en la formación de nuestro panorama cultural internacional, es posiblemente hoy una lectura tan esencial como William Shakespeare”.

Autor del artículo: Darío Prieto

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