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«Las poblaciones sureñas de abejorros están disminuyendo ya por el cambio climático»

Por Diario Sevilla  ·  11.07.2022

CUESTIÓN DE ESCALA. Dave Goulson (Shropshire, 1965) es profesor de Biología en la Universidad de Sussex. Ha dedicado su vida a estudiar el estado de las poblaciones de abejorros, ha reintroducido especies extintas en Reino Unido y fundó el Fondo para la Conservación del Abejorro “harto de hacer un montón de artículos que no se traducían en nada”. En su afán evangelizador, ha transformado una finca en Francia en un refugio para los polinizadores. En ‘Una historia con aguijón’ (Capitán Swing), muestra la relación entre el declive de la abeja y la agricultura intensiva.

–El abejorro. Ese insecto que es, para muchos, la hermanastra fea de las abejas. ¿Cómo se convirtió en la estrella invitada de su vida?

–Siempre he amado los insectos. Las mariposas, como con tantos niños, fueron mi primer amor. Pero después descubrí que, por ejemplo, no son muy inteligentes. O no son tan inteligentes al menos como los abejorros, que tienen un cerebro prodigioso y un sistema de navegación formidable.

–Comienza ‘Una historia con aguijón’ hablando de su infancia. ¿Cómo se las arreglaron sus padres?

–Imagino que mis padres fueron muy tolerantes. No me daba cuenta entonces, pero era genial que me dejaran llegar a casa con tantos animales distintos. Yo intento transmitir esa pasión a mis hijos, en la esperanza de que sigan mis pasos.

–Menciona la famosa cita atribuida a Einstein: esa que dice que sin abejas, sería el fin del mundo tal y como lo conocemos.

–No hay prueba de que Einstein dijera esa frase y, desde luego, es raro que lo hiciera, porque no era su campo y creo que era muy meticuloso al respecto. Es exagerado suponer que toda la humanidad desaparecería en cuatro años si desaparecieran solamente las abejas de la miel. Las cosas serían muy distintas, desde luego, si desaparecieran otros polinizadores de ciertas cosechas: colocaría a gran parte de la humanidad en una situación muy difícil, mucha gente moriría de hambre. La vida quizá no se detendría, pero sería mucho más complicada.

–No tenemos muchos abejorros en España. Lo que sí tenemos es… tomates.

–No muchos saben que los tomates necesitan la polinización a través de insectos para prosperar:necesitan que la corola de la flor vibre para desprender el polen, y esto lo hacen de maravilla los abejorros; se puede hacer a mano, pero es un trabajo muy arduo. Pero aún son menos los que saben que existen fábricas de abejorros. No sé de dónde son los que llegan a España para este fin pero el inicio del negocio de los abejorros estuvo en Bélgica, a finales de los 80, cuando alguien pensó que ahí había un nicho de mercado, y tenía razón. A partir de ahí, numerosas compañías reparten millones de paneles de abejorro. Como es imposible controlar que se escapen, ahora hay abejorros europeos por todo el mundo. Ha terminado siendo una práctica bastante irresponsable. Un ejemplo interesante y dramático es que el abejorro más grande del mundo, propio de la Patagonia, está ahora casi extinguido, y era un insecto común hace tan solo treinta años, porque le afectan extraordinariamente las enfermedades de nuestros insectos. Es, a nivel micro, lo mismo que sucedió con las poblaciones indígenas humanas.

«A NIVEL MEDIOAMBIENTAL, HAY PEQUEÑOS GESTOS ASUMIBLES QUE PUEDEN MARCAR LA DIFERENCIA»

–Los abejorros son especialmente delicados ante el calor. ¿Les está afectando ya el cambio climático?

–Se sobrecalientan muchísimo durante el vuelo así que el aumento de temperatura asociado al cambio climático hace que las poblaciones de sus límites sureños tiendan a desaparecer. Curiosamente, según hemos observado, esto no implica que la franja hacia el norte crezca, sino que los individuos se siguen concentrando en franjas cada vez más pequeñas.

–Sería relativamente fácil ayudar a las poblaciones simplemente, dice, dejando espacio en los cultivos para plantas como la lavanda o el trébol rojo. ¿Por qué no se generaliza?

–Porque el sistema agrícola actual está muy establecido y es muy difícil revertirlo, aunque sea mínimamente.

–Fue culpa de Hitler.

–En gran parte de Europa, durante la II Guerra Mundial, se necesitó incrementar la producción agrícola, haciéndola más intensiva. Ocurre que se ha mantenido esa línea desde entonces. Quizá ahora, de forma bastante accidental debido al coste de suministro energético, podamos ver cómo se empieza a generalizar un cultivo de especies ricas en nitratos en sí mismas, como el trébol y las leguminosas, que mejoran el sustrato de forma natural.

–Por culpa de Putin. La geopolítica de los abejorros… Subraya, sin embargo, la importancia de la acción individual a nivel medioambiental.

–Los problemas del mundo se han creado a partir de un montón de pequeños comportamientos erróneos: aunque no llevemos el timón, tenemos nuestra parte de responsabilidad. Vigilar de dónde viene lo que comemos, o luchar por tener más espacios verdes, por ejemplo, tiene mucho peso. A veces es normal sentirse paralizado, incapaz de hacer nada, porque la problemática es demasiado grande, pero hay gestos que podemos asumir y que marcan la diferencia.

–¿En qué está trabajando en este momento?

–Sigo investigando sobre abejorros, sobre todo, en lo referente a unos parásitos de tipo arácnido, e intento sacar tiempo para escribir. Estoy muy ilusionado con un proyecto de una enciclopedia ilustrada de insectos para niños, porque les entusiasman, juegan con ellos, se ensimisman, les ponen nombres… Y también concienciar de la importancia de tener jardines con flores atractivas para los polinizadores. Sé que en España es distinto, pero en Reino Unido tenemos contabilizados unos 22 millones de jardines que pueden hacer mucho bien.

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