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“La guerra en Oriente no acabará”

Por El Mundo  ·  11.11.2016

El periodista Patrick Cockburn publica ‘La era de la Yihad’, un resumen de 15 años de lucha en Oriente Medio

Patrick Cockburn se resiste a que se le identifique como un corresponsal de guerra. «De vez en cuando hay que viajar hasta la primera línea de combate para ver qué sucede», explica. «Pero mi trabajo consiste más en hablar con los políticos, con las autoridades militares, para analizar lo que está pasando». Precisamente por eso, porque indaga más en la trastienda del poder que en los episodios bélicos, Cockburn -hoy columnista estrella del diario británico The Independent– ha amasado suficiente conocimiento como para contarse entre los grandes expertos del conflicto en Oriente Medio.

Si el periodismo de guerra es un virus, Cockburn se infectó hace ya más de cuatro décadas, cuando, ya licenciado por la universidad de Oxford, comenzó a cubrir el conflicto terrorista en Belfast durante los 70 -«pocas veces he visto nada más sangriento y sectario», recuerda-, y enviado al Líbano al poco tiempo, se ocupa desde entonces, principalmente, de la inestabilidad política en todo el próximo oriente. Una situación que, confiesa, le deja profundamente perplejo.

«En la escuela nos acostumbraros a ver las guerras como un proceso que tenía un principio y un final», apunta. «Y esta guerra en oriente no se va a acabar nunca, o eso parece».Cockburn ha escrito algunos de los libros más clarificadores sobre las complejidades del conflicto en Irak y Siria, y más desde que el Estado Islámico irrumpió en el tablero de juego. La editorial Ariel, por ejemplo, publicó el año pasado ISIS. El retorno de la Yihad, una brújula útil y manejable para no desorientarse en una realidad política confusa, poliédrica y sin apenas solución posible.

Alguien dijo», apunta Cockburn, «que lo que está sucediendo en Siria e Irak es como una partida de ajedrez en un tablero en tres dimensiones, con nueve jugadores y sin reglas». Consciente de lo enmarañado del conflicto, y aún más de que al lector de periódicos medio se le escapa la mayoría de claves, ha decidido ahora reunir una amplia selección de sus diarios de guerra, artículos y reflexiones sobre el laberinto de Oriente Medio en otro volumen, esta vez grueso y exhaustivo, titulado La era de la Yihad (Capitán Swing), en el que retrocede hasta la intervención militar en Afganistán en 2001 y llega hasta la terrible irrupción del ISIS.

Cockburn es el primero en admitir -a diferencia de muchos políticos, que parecen saberlo todo y tienen remedios mágicos, misiles mediante- que, aun comprendiendo las claves del asunto -las guerras civiles en Siria e Irak, la tensión geopolítica en la zona más inestable del planeta («todos los conflictos del mundo moderno parecen empezar siempre ahí»)-, es imposible imaginar un pronóstico.

«Tengo la sensación de que debemos acostumbrarnos a que ésta sea una guerra interminable, ya que todas las partes implicadas cometen errores continuamente», indica. «Por ejemplo, en Siria: la guerra podría acabar si se apoya militarmente a al-Ásad, pero a la vez habrá quien refuerce al ISIS. Lo ideal sería que se fuera al-Ásad, pero él controla casi todo el país. El acuerdo diplomático parece imposible, y también parece imposible que una de las dos partes venza a la otra. ¿Hay solución?Yo no la veo por ninguna parte».

Admite Cockburn que derrotar al ISIS es una prioridad urgente, y que tarde o temprano tendrá que reducirse su poder en la zona. «Si el ejército iraquí consigue controlar definitivamente Mosul, eso podría ser un giro definitivo de los acontecimientos», apunta, «pues Mosul es el símbolo del ISIS, y sin el dominio de la ciudad su prestigio y su capacidad de propaganda van a disminuir».

Pero llegar a ese punto no será tarea fácil. «El problema no es tanto el poder militar del ISIS, que aún así es mucho, sino su mensaje de fondo: el ISIS ha tensado las dinámicas de odio entre las comunidades chiítas y suníes, y ese odio es el que alimenta nuevos conflictos». Por tanto, prosigue, «tampoco se solucionaría nada con una intervención exterior». Sería volver al punto de origen.

«El gran error de partida fue atacar Afganistán e invadir Irak. Estados Unidos no debió meterse ahí», sugiere. «Me sorprende que en Europa no haya un sector más grande de ciudadanos que eche la culpa a sus gobiernos de buena parte de lo que está sucediendo. En Estados Unidos se ha reflexionado más sobre el tema, pero en Gran Bretaña y Francia nadie pide responsabilidades. Si Europa entra en guerra, que es lo que desearía Hillary Clinton si gana las elecciones, sería una mala idea: sería abrir la puerta a un nuevo fracaso».

La era de la Yihad es una manera en cierto modo amena -no hay nada de divertido en una guerra con tantos preámbulos y complicaciones, pero su estilo de escritura es directo, sobre el terreno, con fuentes directas y análisis perspicaces- y panorámica de los diferentes episodios y actores del conflicto actual. Es un recorrido en el tiempo con episodios como el auge talibán, la ocupación de Irak, la guerra civil en Siria, la Primavera Árabe y el auge del Califato. A la vez, Cockburn desmenuza la tensión religiosa, los procesos de contagio del yihadismo en zonas hasta ahora estables, y la irrupción de Rusia en el escenario de guerra.

«Si hay una solución», opina, «podría pasar por la intervención de Rusia. Los rusos son los únicos que pueden organizar un alto el fuego, e influir en las acciones de al-Ásad, aunque habría que ver cómo actúan entonces Irán y Hezbolá». Movimientos posibles en una partida de ajedrez con nueve jugadores, sin reglas, y con un final incierto que ni siquiera se atisba en el horizonte.

Autor del artículo: Javier Blánquez

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