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La agroindustria contra el planeta

Por La verdad  ·  26.03.2023

George Monbiot señala a la ganadería y la agricultura como culpables principales de la destrucción de la naturaleza en ‘Regénesis’, su último libro

Agricultor o ganadero que ha decidido leer ‘Regénesis. Alimentar al mundo sin devorar el planeta’ (Capitán Swing): respire hondo y resista la tentación de tirar el libro por la ventana. Su autor, el periodista, escritor, ecologista y activista político George Monbiot (Londres, 1963), no tiene nada contra usted, aunque esté trasladando con gran éxito a la opinión pública una visión muy crítica (por decirlo de forma suave) de las consecuencias de su actividad profesional. Que básicamente es esta: la agroindustria es la principal responsable de la destrucción de la naturaleza y culpable en última instancia, cuando quiera que esto ocurra, del colapso de la vida en la Tierra.

Sí, nada menos. El autor asegura que la agricultura y la ganadería son «la fuerza más destructiva desatada por los seres humanos» y dedica 384 páginas (traducidas por Enrique Maldonado Roldán) a argumentarlo.

¿Es una exageración, una provocación o un diagóstico bien encaminado el análisis de este articulista de ‘The Guardian’, Premio Global de las Naciones Unidas (entre otros muchos galardones), doctor honoris causa por las universidades de Saint Andrews y Essex y promotor de una iniciativa popular para detener a Tony Blair por crímenes de guerra?

De momento, hay que leer el libro. Desapasionadamente y sin complejos. Ahí van algunas de sus conclusiones, obtenidas tras una investigación en la que se ha documentado con científicos, organizaciones ecologistas, agricultores, ganaderos y administraciones:

1. La agricultura y la ganadería están ocupando tanto espacio en el planeta (treinta veces más que la superficie urbana) que la naturaleza comienza a estar en peligro y a merced del avance de los cultivos.

2. La intensificación del sector primario, con sus aportes de nitratos y fosfatos para aumentar la productividad, está contaminando el suelo y los acuíferos de tal manera que ya puede decirse que la humanidad vive sobre un sustrato envenenado.

3. Dentro del sistema alimentario, la producción de carne es la actividad más insostenible y puede provocar un colapso de los ecosistemas. El consumo de carne se ha duplicado en los últimos treinta años y la producción ganadera aumenta un 2,4% anualmente mientras que la población humana lo hace por debajo del 1%.

4. La solución no es la agricultura ecológica ni la ganadería extensiva, actividades menos productivas y que además consumen mayores superficies de terreno.

5. La agroindustria y la propiedad de los territorios de cultivo, así como las patentes de semillas, están cada vez más concentradas en manos de grandes corporaciones cuyo objetivo único no es la soberanía alimentaria, ni la calidad de los productos, ni mucho menos la protección del medio ambiente, sino el beneficio económico.

6. La dieta planetaria, crecientemente estandarizada, consolida esta fórmula dañina: un catálogo global de alimentos cada vez menor, diseñados en forma, sabor y color para triunfar en los mercados y producidos de forma masiva.

EL LIBRO

  • Título. ‘Regénesis. Alimentar al mundo sin devorar el planeta’.
  • Autor. George Monbiot.
  • Editorial. Capitán Swing.
  • Precio. 24 € (384 páginas).
  • Traducción. Enrique Maldonado Roldán.

En el tercer capítulo, ‘Expansión agraria’, el autor expone el caso del río Wye, que discurre entre Gales e Inglaterra, uno de los cauces tradicionalmente mejor conservados del Reino Unido si no fuera por recientes episodios de contaminación que nos recuerdan lo que ha ocurrido en la Región de Murcia con el Mar Menor: la laxa normativa ambiental británica ha permitido la instalación en esa cuenca hidrográfica de granjas avícolas que suman más de veinte millones de pollos. El resultado: proliferaciones de algas y eutrofización de la masa de agua en algunos tramos y empobrecimiento del ecosistema fluvial. Al igual que en el Mar Menor, ni las figuras de protección ambiental ni la información disponible han evitado que los residuos agrarios se derramen sobre la naturaleza.

George Monbiot, fundador del movimiento The Land is Ours (campaña por el derecho de acceso al campo y sus recursos en el Reino Unido) y autor de ‘best sellers’ como ‘Salvaje’ (Capitán Swing, 2016) y ‘Calor: cómo parar el calentamiento global’ (RBA, 2008), aporta algunas soluciones, que se antojan aún lejanas e insuficientes para dar la vuelta a la estructura global de producción de alimentos: cereales perennes, obtención ‘limpia’ de proteínas y grasas… Fórmulas que procuren altos rendimientos con mínimo impacto ambiental. ¿Es posible?

«Es hora de recuperar el control del sistema mundial de alimentos, de derribar los grupos de presión empresariales y sectoriales que lo dominan. Es hora de crear una agricultura nueva, abundante, productiva y, de ser posible, ecológica, que no dependa del ganado y cultive alimentos que sean baratos, sanos y estén al alcance de todo el mundo. Es hora de desarrollar una nueva y revolucionaria cocina basada en alimentos producidos por fermentación. Es hora de liberar grandes secciones del planeta de nuestro devastador impacto, restaurar sus sistemas naturales y aumentar nuestra propia prosperidad y nuestras posibilidades de supervivencia», escribe George Monbiot como alegato final.

Tomamos nota.

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