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Javier Padilla: “El miedo con el coronavirus es que haya que elegir a quién tratar”

Por El Mundo  ·  17.03.2020

Javier Padilla. Madrid, 1983. Este médico iba a presentar el próximo miércoles en Sevilla su libro ‘¿A quién vamos a dejar morir?’, pero la crisis del coronavirus ha trastocado los planes de todo el país. Ahora está volcado en su trabajo en un centro de salud madrileño.Con la crisis del coronavirus, su trabajo como médico en un centro de salud de Madrid se ha convertido en una profesión de alto riesgo.No cabe duda de que, como personal sanitario, estamos bastante expuestos y se ha instalado la preocupación, sobre todo, de poder ser vehículos de transmisión hacia nuestras familias y la gente con la que vivimos. Sin embargo, además de reconocer esta alta exposición al contagio por el coronavirus hay que echar un ojo también a la gente que está trabajando fuera de lo sanitario en otras tareas muy expuestas, como cajeras, limpiadoras y cuidadoras de residencias, que tienen menos medios de protección que nosotros.

¿Está en peligro de colapso la sanidad pública?

Es innegable que ese es uno de los riesgos fundamentales de la situación actual. Se está intentando ampliar la capacidad del sistema sanitario para hacer frente a las necesidades, suspendiendo cirugías, cancelando consultas, transformando ciertas unidades en plantas de hospitalización para caso de Covid-19 o para cuidados intensivos, esperando que esto, junto con las medidas de distanciamiento social, pueda hacer que la gente reciba los cuidados que precisa.En pocos días hemos pasado del “es como una gripe” a “todo el mundo encerrado en casa”.Todo el mundo puede ‘predecir’ el pasado, pero la toma de decisiones adecuadas y proporcionadas en el momento justo es lo complejo. En el caso del coronavirus se junta la necesidad de transmitir un mensaje adecuado sobre su gravedad clínica, dado que en la mayoría de la población cursa como una enfermedad leve, debiendo extremar las precauciones en las personas más vulnerables, con la exigencia de frenar una nueva epidemia para intentar que no se instaure como un nuevo microorganismo habitual en nuestras epidemias estacionales.

Estamos encerrados en casa, principalmente, porque para la gente más vulnerable esto es más que una gripe.Se trata de una epidemia seria, ¿por qué?

Porque se transmite con bastante facilidad, aunque haya mecanismos para disminuir su expansión, porque afecta con mayor gravedad a personas cuya salud puede estar más comprometida y porque su capacidad para generar muchos casos en poco tiempo pone en riesgo la capacidad del sistema sanitario de dar una respuesta adecuada.

¿Están tomando los gobiernos las decisiones adecuadas?

En unos meses miraremos hacia atrás, compararemos unas respuestas con otras y podremos hacer juicios de valor y planificar qué sistema necesitaremos para la próxima situación similar. A día de hoy, parece que sigue habiendo cierta parálisis gubernamental en muchos países, y esperemos que esto no ataque de forma especial a los países con sistemas sanitarios debilitados.Se está criticando mucho que no se suspendieran las manifestaciones del Día de la Mujer.

La Unión Europea desaconsejó seis días antes del 8-M permitir “multitudes”.

Ahora es sencillo decir que había que haber anulado dichas manifestaciones, y si se hace creo que hay que acompañarlo del resto de aglomeraciones de personas. Señalamos con el dedo a las aglomeraciones excepcionales, pero nos olvidamos de las multitudes que diaria o semanalmente se congregan, cuya capacidad infectiva es la misma y que nos pasan inadvertidas porque no están tan marcadas ideológicamente. Si había evidencia y conciencia de transmisión comunitaria -que es la clave ahí- había que haber anulado las aglomeraciones multitudinarias de todo tipo en esos sitios, manifestaciones o recepciones a jugadores de equipos de fútbol, pero solo me veo capaz de afirmar que en una situación análoga en el futuro tal vez lo sucedido cambie los modos de actuar, pero no es justo juzgar desde fuera y hacia atrás a quienes tienen que tomar ciertas decisiones.

Hace unos días un médico italiano advertía de que allí estaban ya decidiendo a quién tratar y a quién no, “como en la guerra”. ¿Llegaremos en España a esta situación?

Probablemente, y es el mayor miedo de quienes trabajan en las unidades de Cuidados Intensivos y quienes diseñan los planes de acción en estos casos. Por eso, es fundamental que, a la par que ampliamos la capacidad del sistema de dar respuesta, haya gente abordando cómo distribuir los recursos de forma equitativa y con perspectiva de justicia social.

El título de su libro ‘¿A quién vamos a dejar morir? plantea una inquietante pregunta.El título ahora tiene múltiples significados, desde luego.

Es una forma de reconocer que las decisiones que se toman en el ámbito de la política dejan una huella en nuestros cuerpos y nuestras vidas que muchas veces acaba haciendo que haya gente que vive más y mejor que otra, no por cuestiones genéticas, por condiciones biológicas o por decisiones individuales, sino por factores sociales relacionados con esas políticas.Si algo caracteriza al sistema sanitario español es su “perpetua situación de crisis”, cuenta en su libro. En efecto, la crisis es una característica de un sistema eternamente mal financiado que trata de oscilar entre unos niveles máximos de garantía de bienestar y atención a la población y unos niveles constantes y crecientes de dinamización del sistema sanitario privado con fondos públicos; como son dos polos irreconciliables, estamos siempre en crisis. ¿Lo malo? Que vivir en crisis da una sensación de apocalipsis perpetuo que nos impide avanzar, ¿lo bueno? Que ese apocalipsis no llega y el sistema sigue subsistiendo.

¿Por qué cuando la economía enferma o decrece la gente muere menos?

Al principio de las crisis económicas, la disminución de la actividad económica se traduce en menor accidentabilidad laboral, menos desplazamientos en coche, bajadas de la contaminación; esto hace que haya datos de que la mortalidad pueda descender, especialmente en los grupos de población con algo de colchón para aguantar estas primeras fases de una crisis. Sin embargo, tenemos que ser capaces de pensar futuros donde no necesitemos crisis económicas para morir menos, porque esas crisis siempre habrá personas y grupos más vulnerables sobre los que impacten con más fuerza.

España está a la cabeza de Europa en consumo de fármacos.

España ha sido históricamente el segundo país de Europa con mayor consumo de medicamentos por habitante; las causas son variadas, desde que el sistema sanitario es el único servicio público con perspectiva de universalidad -aunque no sea totalmente universal-, lo cual hace que muchos problemas de diferente índole acaben en el sistema sanitario; una vez ahí, un sistema centrado en el médico y con poco tiempo para la asistencia hace que el medicamento sea la vía principal para dar respuesta a los malestares de la gente, cuando a lo mejor otras respuestas no medicalizadas (psicoterapia, actividades comunitarias, fisioterapia) tendrían que tener otro papel. 

El mensaje “ponga un hospital a 30 minutos de su casa”, ¿error o acierto?

Un error plantearlo así. Hay que garantizar a la gente atención adecuada y accesible a sus necesidades de atención sanitaria, a veces eso requerirá acercar al sistema a la población, y otras veces habrá que facilitar las formas de acceso de la población al sistema (transporte, alojamiento, cobertura de cuidados, …). Lo que sí ha de tener la población cerca y muy accesible es una red de atención primaria en la que encuentre una buena respuesta.

En su libro cuenta que para dañar a un sistema público no basta con expulsar a los más vulnerables, sino que también hay que generar desafección entre las clases altas. Explíquelo.

Exacto. La universalidad de los sistemas públicos de salud no puede ser solo hacia abajo, sino también hacia arriba. Los sistemas sanitarios universales son sostenibles porque mejoran la salud de la población, mejoran la eficiencia del sistema y generan cohesión social; es necesario que la gente de rentas altas vea que el sistema les da servicios de calidad a cambio de los impuestos que pagan, así como que dichos sistemas generan sociedades con mayor bienestar para el conjunto de la sociedad, no solo para los más desfavorecidos.

La aportación del sistema sanitario a la salud de cada uno es sólo del 10%, el resto depende de la situación socioeconómica, el entorno, factores genéticos… ¿cómo es posible?

El sistema sanitario es aquello que nos sostiene hasta que aprendemos a caminar en el aire, tomando palabras de una canción de Leonard Cohen, pero la enfermedad se desarrolla fuera del sistema, en las condiciones de trabajo, en estar en riesgo de desahucio, en vivir en una zona con establecimientos de comida saludable y zonas verdes o en tener tiempo y renta para poder dedicarme a juntarme con mis amigos o cocinar. Y luego está el sistema sanitario para ayudarnos cuando esto falla, pero las grandes desigualdades en salud que hacen que en nuestras ciudades la esperanza de vida vaya por barrios no se solucionan solamente desde lo sanitario.Con este panorama, no es raro que muchos de sus colegas emigren del país en busca de trabajos mejores.La elevada tasa de temporalidad y precariedad de los trabajadores sanitarios, así como las condiciones para quienes tienen mayor estabilidad hace que, en efecto, el número de profesionales yéndose al extranjero aumente año tras año. Tal vez después de la situación de crisis sanitaria que tenemos ahora sea el momento para pensar cómo puede ser que lo público en muchas ocasiones lidere la temporalidad y precarización de sus trabajadores, porque ahora estamos viendo que, cuando todo falla, solo los servicios públicos nos pueden dar lo que necesitamos.

¿Cuánto durará la crisis del coronavirus?

Dependerá de cómo cumplamos las medidas que se impongan y de qué otras medidas vayamos viendo. Desde luego, no menos de dos meses lo que es la parte importante de la crisis, pero luego hay otra crisis, tanto social como sanitaria, que es la de lamernos las heridas y ver cómo recomponernos de lo que está pasando.

¿Está mentalizada la ciudadanía para lo que tenemos encima?

Hoy lo está más que ayer y mañana lo estará más que hoy. Hay que ser claro en las comunicaciones, saber trasladar el escenario de gestión de la incertidumbre en el que estamos y saber entender que no todo el mundo puede mentalizarse al mismo ritmo.

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