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Israel ha convertido Palestina en un apartheid tecnológico: entrevista a Antony Loewenstein

Por El Orden Mundial  ·  26.02.2024

Israel ha convertido Palestina un apartheid tecnológico, argumenta Antony Loewenstein, autor de ‘El laboratorio palestino’.

Israel no solo ocupa Palestina, ha hecho de la ocupación el centro de su negocio de exportación de armas. Los sistemas militares y la tecnología de vigilancia israelíes se venden mejor porque han sido probados en escenarios reales: Gaza y Cisjordania. Ni siquiera el desastre del 7 de octubre ni las masacres de la guerra posterior han perjudicado a las empresas de armamento israelíes.

Este modelo es lo que Antony Loewenstein llama “el laboratorio palestino”. Loewenstein, periodista australiano judío, ha escrito un libro con ese título, recién publicado en España por Capitán Swing. En él analiza la falta de escrúpulos de Israel a la hora de vender armas a regímenes autoritarios y concluye que este apartheid tecnológico que oprime a los palestinos también es una amenaza para la democracia en todo el mundo. Nos atiende por videollamada desde Sídney.

PREGUNTA – Tu tesis es que Israel, uno de los mayores exportadores de armas del mundo, no las vende tanto para hacer negocio sino para tejer alianzas a nivel internacional. Usa su industria de defensa como una herramienta de política exterior. ¿Qué buscan?

RESPUESTA – Israel es el décimo mayor exportador de armas del mundo. Desde la fundación del Estado en 1948, los líderes israelíes sabían que un país nuevo necesita amigos, sobre todo cuando la mayoría de vecinos árabes no tenían buena relación con Israel. 

Ya desde los años cincuenta Israel descubrió que podía vender armas a otros países, pero también su “experiencia” controlando a la población palestina. Esto aumenta a partir de 1967, cuando Israel ocupa los territorios palestinos. Varios países recibieron armas y entrenamiento israelí ya antes. Pero a partir de 1967, aunque la comunidad internacional criticó la ocupación, muchos Gobiernos extranjeros siguieron buscando la asesoría de Israel: querían aplicar la experiencia israelí en sus propios países para reprimir una minoría étnica, perseguir a opositores o periodistas, lo que fuera. 

Hay muchísimos ejemplos de esto, desde Chile con Pinochet a la Guatemala de los ochenta o Irán durante el reinado del sah. La Sudáfrica del apartheid quizá sea el caso más notorio. Claro que Israel busca ganar dinero con ello, pero no solo. Lo más importante es tejer alianzas. Exportan su modelo, que he llamado “el laboratorio palestino”. Israel les dice a otros países: “podéis hacer lo mismo que nosotros y no sufrir consecuencias”. 

Desde que Netanyahu llegó al poder en 2009 ―parece que lleva ahí desde siempre―, ha impulsado la venta de armas como herramienta de política exterior. Sobre todo la tecnología de vigilancia en móviles, el spyware. Él o el Mosad van a un determinado país, da igual si su relación con Israel no es buena, y le proponen un trato: venderles su increíble tecnología de espionaje a cambio de apoyo diplomático, votos favorables en la ONU, etc. Ha ocurrido con Hungría, Ruanda, India…

Cada uno de estos países tiene sus razones para querer la tecnología israelí. India, por ejemplo, se está volviendo cada vez más intolerante. El primer ministro Modi no necesita que Israel le enseñe a hacer eso. Pero hace pocos días la prensa india hablaba sobre cómo el Gobierno había empezado a adoptar “tácticas israelíes” para reprimir protestas usando drones que lanzan gas lacrimógeno. El artículo decía que India lo ha aprendido de la estrategia de Israel en Gaza de estos últimos años. Así funciona el laboratorio palestino.

Así que la “única democracia de Oriente Próximo”, como ellos mismos se califican, no tiene ningún criterio moral o de respeto de los derechos humanos cuando vende armas a países autoritarios. 

Yo diría que cualquier país que vende armas es inmoral. Estados Unidos vende el 40% de las armas del mundo, ¿no? Y se las venden casi a cualquiera. Lo mismo que los rusos. No digo que Israel actúe de una forma más inmoral que otros en ese sentido. Sin embargo, es un caso especial porque nadie más que Israel mantiene una población ocupada, los palestinos, con los que probar sus armas, drones, spyware, vigilancia biométrica… No es solo que puedan probar sus equipos en escenarios reales. Es que lo graban en vídeo, en directo, para una audiencia global.

Parte del objetivo de demostrar que sus armas funcionan es convencer a la propia población israelí de que pueden ganar la guerra. Pero también buscan atraer al mercado internacional, más ahora que su economía está sufriendo los efectos de la guerra. De todas formas, a Israel le irá bien. Muchos países seguirán apoyándole, especialmente en Occidente, independientemente de si las elecciones en Estados Unidos las gana Biden o Trump.

¿Cómo ayuda Israel a otros países que quieren reprimir a sus minorías? El libro menciona los casos de Xinjiang en China o de Cachemira en India. 

China es una rara excepción porque no está recibiendo asesoramiento israelí para actuar en Xinjiang. No es porque Israel y China no tengan relación, de hecho están más cerca que hace unos años.

En mi opinión, la represión china contra los uigures es la única que se puede comparar con la que Israel impone a los palestinos. China trata a los uigures casi como si fueran ratones de laboratorio. Sin embargo, verás muchas más críticas al Gobierno chino que a Israel por lo que hace en Cisjordania, y no digamos Gaza. 

La diferencia está en que, según ellos mismos, Israel es “la única democracia en Oriente Próximo”, como decías antes. Es un disparate, no acepto ese argumento. Y soy judío, ¿eh? Pero Israel es una democracia solo para judíos. Ningún palestino disfruta de ella. Aunque tampoco hay democracia en Gaza bajo el régimen represor de Hamás

¿De qué forma apoya Israel a regímenes como India? Desde que Modi llegó al poder en 2014 muchos cargos indios me han confesado lo mucho que admiran a Israel por lo que hace en Cisjordania. Piensan que ellos podrían hacer algo parecido en Cachemira. Y lo están haciendo. En los últimos años han cambiado el estatus legal de la región y están trayendo población hindú para colonizar la zona, de mayoría musulmana. Por no hablar de la represión masiva, la censura, el fin de la libertad de expresión, el encarcelamiento de periodistas, disidentes y activistas por los derechos humanos…

India hace esto por sus propias razones. No lo hace por culpa de Israel y lo seguiría haciendo aunque Israel no existiera. Pero me parece un ejemplo significativo. Esta alianza es especialmente peligrosa: India es el país más poblado del mundo, la democracia más grande… Occidente le ha dado carta blanca porque sirve para contrarrestar a China… Y sin embargo Modi y su partido, el BJP, con su enorme apoyo social, están construyendo un régimen fundamentalista hindú.  

Por eso Israel, que es el adalid global del etnonacionalismo, está tejiendo una alianza ideológica con India. Lo comparo con lo que tuvieron con la Sudáfrica del apartheid. Israel le vendía armas, sí, pero también compartían la ideología: los afrikáners trataban a los negros como Israel trata a los palestinos. Pasa lo mismo con India.

Quería preguntarte por eso. Dices en el libro que Israel es uno de los países “más influyentes del mundo” porque proyecta una ideología muy atractiva para cada vez más gente: el etnonacionalismo.

Incluido para buena parte de la extrema derecha global. Esto es algo que mucha gente no entiende: ¿qué hace un neonazi con una bandera de Israel? Los ultras no han dejado de odiar a los judíos, siguen siendo antisemitas. Sin embargo, hace solo unas semanas varios miembros destacados del partido ultra sueco ―que tiene raíces nazis y es el segundo mayor partido del país en este momento― visitaron Israel y fueron recibidos por miembros del Gobierno. Ellos mismos reconocieron que están alineados ideológicamente.

Israel y la extrema derecha global están alineados ideológicamente

Hablamos de personas que vienen de entornos ultras, neonazis y de extrema derecha. No es solo que tengan un pasado relacionado con el Holocausto, es que piensan así ahora. Para mucha gente ―incluido yo, un judío no religioso―, que el Gobierno del único Estado judío del mundo haga amistad con esta gente es una absoluta traición a nuestra historia. 

Mi teoría es que Israel está tan desesperado por tener “amigos” que prefiere ignorar el antisemitismo de estos grupos. De todas formas sus agendas no son tan opuestas: Israel y la extrema derecha global comparten su desprecio por el islam, los refugiados, el multiculturalismo y organismos mulilaterales como la ONU. Esta es una mancha muy grave para el único Estado judío del mundo cuando aún no se han cumplido ni cien años del Holocausto.

No solo países autoritarios compran el armamento y la tecnología israelíes. Lo hacen también democracias como España, a pesar de que critiquemos lo que pasa en Palestina. Estados Unidos y la UE usan equipamiento israelí para controlar la migración. Incluso la ONU ha comprado armas a Israel para proteger sus misiones en países como Mali. ¿Qué tienen los sistemas israelíes para que todo el mundo los quiera?

Israel no es el único país que fabrica armamento sofisticado, pero es un caso especial porque puede probar sus armas en Palestina. Nunca ha tenido que rendir cuentas por décadas de ocupación y masacres en Gaza y Cisjordania. Gracias a ello está entre los tres líderes mundiales en desarrollo y venta de spywarePegasus es el caso más conocido: está por todas partes, también en España. Pero Pegasus es solo la punta del iceberg. Hay innumerables empresas israelíes que desarrollan programas parecidos y no tienen tan mala prensa.

Esto tiene relación con las sanciones que Biden ha impuesto en los últimos años a varias compañías de espionaje israelíes, incluida NSO Group, la desarrolladora de Pegasus. Estados Unidos no quiere quedarse atrás en la carrera del spyware. No me refiero a las capacidades gubernamentales: la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA) es la agencia de vigilancia más poderosa del mundo, sin duda. Pero Israel ha rentabilizado mucho sus inversiones en el sector privado. Existen compañías de spyware estadounidenses, Palantir, por ejemplo. Pero en volumen de clientes no son nada comparadas con las empresas israelíes. 

Con todo, cuando toda esta guerra horrible en Gaza termine muchos países seguirán comprando armas a Israel. Parece contraintuitivo, ¿no? El 7 de octubre fue un catastrófico error político, militar y de inteligencia, a una escala comparable al 11S. Y, sin embargo, no perjudicará al sector militar israelí. Desde la invasión de Ucrania, buena parte de Europa ha estado rogando a Israel que le venda sus sistemas militares, especialmente defensas antimisiles, y no han dejado de comprarlos después del día 7. Todavía no hemos visto cifras de exportaciones de 2023, pero estoy seguro de que serán tan altas como en 2022 o más, y ya veremos en 2024. 

El gran atractivo de la tecnología militar y de vigilancia israelí es que ha sido probada en combates reales. Se está usando ahora mismo en Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este. Nunca lo dirían en público ―algunos sí lo hacen―, pero para muchos países esto es un aliciente. Se ha demostrado que la tecnología israelí funciona: controla, hiere, asesina… De ahí ejemplos como el de India. Aquel dron con gas lacrimógeno no es de fabricación israelí, pero Israel fue pionero en usar estos sistemas durante las protestas palestinas de 2018. Todo el mundo vio entonces lo efectivos que son y ahora India lo está copiando. La conexión es clara.

¿Qué relación hay entre el Gobierno israelí y las empresas de armamento?, ¿son compañías independientes o actúan como extensiones del poder político?

Una de las razones por las que escribí el libro es para responder a esta pregunta. Cuando estallaron las revelaciones sobre Pegasus en 2018-2020, se habló mucho del impacto de NSO Group. Solía comentarse lo terrible que era que esta empresa vendiera un spyware tan sofisticado. Lo que la mayoría de periodistas no explicó es que, en realidad, NSO es una extensión del Estado de Israel. 

Oficialmente NSO es una compañía privada. Pero el Gobierno la usa, y de forma muy efectiva, al igual que otras como Elbit, la mayor empresa de armamentos israelí. Pasa lo mismo con compañías estadounidenses como Lockheed Martin y Raytheon: son privadas pero en el fondo son un brazo de la política exterior de Washington. Israel no ha empezado una guerra en Gaza para enriquecer a Elbit, es mucho más complicado que eso. No obstante, la industria de defensa israelí está teniendo enormes beneficios. 

Las empresas de armamento siempre han sido un aliado y herramienta crucial del Gobierno israelí. Que estas empresas hayan vendido su spyware a decenas de Gobiernos permite que Israel acceda a información de inteligencia muy potente sobre esos países. Además, muchos de los trabajadores de estas empresas fueron antes militares o agentes de inteligencia israelíes y esa puerta giratoria sigue abierta. 

“Acabar con el conflicto sería malo para el negocio”. Es una frase de tu libro. ¿Qué es más importante para Israel: este negocio o controlar Palestina?

No creo que Israel mantenga la ocupación solo por dinero. El Gobierno y la mayoría de la población israelí tienen una motivación ideológica. Esto se ha hecho más evidente desde el 7 de octubre: la sociedad israelí se ha radicalizado. Durante años, los israelíes han sido institucionalmente incitados a deshumanizar a los palestinos.

El impacto de esto ha aumentado desde el 7 de octubre, pero venía de mucho antes. Menciono algunos ejemplos en mi libro. Por ejemplo, según una encuesta de 2016, casi la mitad de los israelíes judíos apoyaban la limpieza étnica de los palestinos. Otra encuesta similar hecha a finales de 2023, después del ataque de Hamás, demostró que el 80% estaba de acuerdo con una limpieza étnica de los palestinos de Gaza. Lo presentan como “migración voluntaria”, pero eso quiere decir “limpieza étnica”. Otras encuestas apuntan a que la mayoría de israelíes judíos no quieren vivir en el mismo apartamento que un árabe, por ejemplo. Hay racismo en todos los países, pero lo de Israel es único.

Esta deshumanización logra que los israelíes no vean incentivos para terminar con la ocupación. De hecho, muchos piensan que su seguridad depende de que la ocupación continúe. Para mí esto es una quimera: como probó el 7 de octubre, mientras los palestinos no vivan seguros los israelíes tampoco lo estarán. Pero casi nadie en Israel comparte esa opinión.

Por eso el verdadero motivo de que la ocupación se mantenga es que Israel nunca ha tenido que rendir cuentas por ella. ¿Cómo podría cambiar eso? Por ejemplo, que los israelíes dejaran de poder ir a Grecia de vacaciones. ¿Sencillo, no? Ya ha empezado a ocurrir: Estados Unidos, Reino Unido o Francia están sancionando a colonos. Es un gesto muy pequeño y no tengo fe en que Biden vaya más allá, mucho menos Trump. Pero abre la puerta a que otros países se sumen. Y cuando los israelíes empiecen a pagar un precio por la ocupación, quizá se lo piensen mejor. 

Hace unos días, España e Irlanda pidieron a la Comisión Europea que evaluara imponer sanciones económicas a Israel por sus violaciones de derechos humanos en Gaza. Entiendo que no saldrá adelante por el veto de otros países de la UE, ¿pero crees que esto es una prueba de que Occidente cambiando su postura hacia Israel?

La guerra de Gaza cambiará el mapa político internacional. La mayoría de países occidentales, liderados por Estados Unidos, seguirán apoyando y armando a Israel. Pero la sociedad civil de muchos otros países, en Occidente y el Sur Global, están reclamando medidas contra Israel, incluyendo sanciones contra los miembros del Gobierno y los militares.

“Asesinar a un palestino debería ser tan sencillo como pedir una pizza”

Creo que se emitirán órdenes de arresto internacional contra ministros o generales israelíes en los próximos meses o años. La campaña BDS de boicot a Israel crecerá por todo el mundo. Mientras, Israel está encontrando apoyos entre la extrema derecha, evangélicos y judíos radicales, una combinación tóxica que cada vez incomoda más a la opinión pública. España e Irlanda dirigen el bloque más crítico con Israel de la UE. Necesitan aprovechar este creciente rechazo a Israel para implementar medidas concretas de presión, incluso aunque sean simbólicas.

Nota del autor: Días después de la entrevista, el Gobierno español confirmó que impondrá sanciones a los colonos violentos de Cisjordania, actuando por su cuenta ante la falta de acuerdo en la UE. 

Hablemos del laboratorio palestino. Has llegado a decir que Israel cree que “asesinar a un palestino debería ser tan sencillo como pedir una pizza”.

Es cierto, existe una app así. Los militares israelíes la usan para localizar objetivos en Palestina. La única forma de que algo como eso se vuelva aceptable es que te hayas pasado décadas diciendo que los palestinos no son seres humanos, no tienen los mismos derechos y merecen la represión que sufren.

¿Cómo usa Israel la tecnología para mantener la ocupación y deshumanizar a los palestinos?

Israel dice que la tecnología le permite lanzar ataques más precisos en Gaza. Pero está claro que no quieren hacer ataques de precisión. El objetivo no es acabar con cierto líder de Hamás. El objetivo es causar el máximo daño posible, con la fantasiosa esperanza de que eso provocará que los palestinos se levanten contra Hamás. Esta estrategia no ha tenido éxito ni lo tendrá nunca.

Israel nos cuenta que la IA revolucionará las guerras, haciéndolas menos cruentas. La realidad es que al menos 30.000 palestinos han muerto ya en Gaza, y el liderazgo de Hamás sigue intacto. Me imagino que Hamás acabará muy tocado y en algún momento se establecerá un nuevo régimen palestino en la Franja. Aunque me parece una quimera que se pretenda implantar en Gaza un Gobierno parecido a la Autoridad Nacional Palestina.

Volviendo a lo que comentábamos, la mayoría de la población en Israel quiere que la guerra continúe. Más bombardeos, más masacres, más muerte. Piensan que así recuperarán la seguridad que tan trágicamente perdieron el 7 de octubre. No ocurrirá. Al contrario, esta violencia está haciendo que todos los judíos, dentro y fuera de Israel, vivamos más inseguros. 

También porque el Gobierno israelí mezcla el antisemitismo, que existe y debe condenarse, con las críticas justas a lo que hace Israel. Embarran el debate. 

Desde luego, y lo hacen deliberadamente. Un buen ejemplo es la Liga Anti-Difamación, un grupo de presión judío de Estados Unidos. Se presentan como una de las principales organizaciones a favor de los derechos humanos en el país. Pero su líder, Jonathan Greenblatt, ha dicho públicamente que, para ellos, el supremacismo blanco es una amenaza tan grave como los judíos antisionistas. Espera, ¿qué? Los supremacistas asesinan, atacan sinagogas e iglesias… ¿Puedes recordarme la última vez que un judío antionista se puso a disparar en una sinagoga?

Israel es muy activo usando las plataformas de redes sociales para promover su discurso. ¿Cómo lo hacen?

Hace unos diez años Israel se dio cuenta de que las redes sociales suponían un problema para mantener su relato: que son una nación inocente amenazada por los ataques de terroristas locos. El Gobierno de Netanyahu empezó a presionar a Facebook, Google, TikTok y otras plataformas para que ocultaran o censuraran cuentas de simpatizantes de la causa palestina. Mucha gente ha sufrido esta censura, pero no creo que la estrategia esté funcionando: Israel ha perdido la batalla informativa. Cuando has matado a 30.000 palestinos… Las imágenes de niños muertos, las masacres, hablan por sí solas. 

¿Tienen vigilados a todos los palestinos?

La respuesta corta es que sí. La respuesta larga es que actúan como la NSA estadounidense. La NSA no vigila literalmente a los 330 millones de habitantes de Estados Unidos en todo momento. Lo que sí hacen, y también Israel, es recolectar datos masivos. Por ejemplo, todas las comunicaciones palestinas, de entrada y salida. Como la información es tanta, nadie puede procesarla todavía, ni siquiera la NSA. Con mejor tecnología llegarán a resolver ese problema. No estamos aún ahí, pero da miedo.

El equivalente israelí a la NSA es la Unidad 8200. Es menos poderosa pero tiene un alcance muy considerable para un país tan pequeño como Israel. Esta unidad escucha cada día montones de llamadas de teléfono y usa la información para chantajear a los palestinos. Podrían descubrir, por ejemplo, que cierta persona tiene un amante o que es homosexual, y le extorsionarán para que se convierta en un informante.

Durante esta guerra Israel ha estado mandando mensajes de SMS y por Facebook a miles de gazatíes diciendo “si espías para nosotros, te sacaremos sano y salvo de Gaza”. No podemos saber cuánta gente habrá aceptado el trato. Pero esto demuestra que Israel va más a ciegas en la Franja de lo que creemos. No saben tanto, a pesar de toda su tecnología de vigilancia. La mejor prueba es el ataque del 7 de octubre. La superpotencia militar de Oriente Próximo estuvo anulada durante qué, ¿doce horas, un día…? Hubo militantes de Hamás moviéndose por Israel durante días. 

La lección que el mundo debería estar sacando del 7 de octubre es que ni la tecnología más sofisticada, las armas, los drones, los muros…, nada te mantendrá seguro si no tratas a tu vecino como un ser humano. Después hemos sabido que Israel tenía información sobre los preparativos de Hamás al menos desde un año antes, pero no quisieron verlo. No creo la teoría de que el Gobierno israelí lo sabía y permitió que pasara. No hay ninguna prueba. Se dijo lo mismo del 11S. Aquello, como lo del 7 de octubre, Fue solo una cagada, una enorme cagada. 

La última frase de tu libro es “El futuro no está escrito todavía”. ¿Cómo crees que acabará esto?

Si la pregunta es sobre el final del conflicto, acabo de publicar otro libro, After Zionism: One State for Israel and Palestine [no traducido al castellano], en el que defiendo que la salida a esto es crear un único Estado democrático para todos. No es algo que proponga solo yo y no está basado en una idea utópica. No me hago ilusiones sobre el odio que existe entre ambas comunidades. Israel ya ha tomado la decisión: en la práctica hay un solo Estado. Pero es un apartheid, el Gobierno israelí controla todo el territorio. El libro explica cómo podría crearse ese Estado, basándose en el ejemplo de Sudáfrica y su Comisión para la Verdad y la Reconciliación.

Con respecto a la guerra en Gaza, temo que Egipto o algún otro país vecino sea sobornado para que permita la evacuación de los palestinos. Todavía no ha ocurrido, pero los egipcios están recibiendo una enorme presión y he leído que han empezado a construir alguna especie de campamento para refugiados en el Sinaí… La población de Gaza no quiere irse, pero sus hogares en Gaza han sido destruidos, ¿qué harán?.

También temo que se fuerce la creación de un Gobierno palestino en Gaza colaborador con Israel, como quieren Estados Unidos y la Unión Europea. Se intentará formar un Gobierno como la Autoridad Nacional Palestina que hay en Cisjordania. No veo ninguna esperanza para un Estado palestino independiente. No ocurrirá con Biden y menos con Trump, y los israelíes tampoco quieren

Sin una presión externa clara contra Israel, incluyendo embargos de armas, acusaciones internacionales contra los responsables de la guerra, etc., no cambiará nada. Hasta los soldados israelíes suben vídeos de sus crímenes en TikTok, ¡no se esconden! Solo te atreves a hacer eso cuando sabes que eres impune. Todo lo que haría falta para empezar a cambiar eso es una orden de detención internacional contra alguno de los responsables. ¿Qué país se atreverá?, ¿España, quizá? No lo sé. Esto no terminaría con la ocupación de un día para otro. Pero el apartheid en Sudáfrica nunca habría caído sin presión externa y la ocupación de Palestina tampoco lo hará.

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