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Egill Bjarnason: “El éxito de Islandia es su alta natalidad en un contexto de políticas feministas”

Por El Periódico  ·  17.06.2024

Islandia es un país pequeño, de 360.000 habitantes, y nunca ha tenido ejército ni enemigos, pero con esa premisa el periodista Egill Bjarnason pretende romper prejuicios y defender el papel estratégico que ha jugado la nación atlántica en la geopolítica y la historia. Lo hace en su libro Cómo Islandia cambió el mundo, editado por Capitán Swing, con grandes dosis de humor y una mirada pedagógica.

P.-¿Cómo puede cambiar el mundo una isla tan pequeña?

R-Islandia fue clave en el mundo de la Segunda Guerra Mundial, cuando se posicionó con los aliados y les permitió construir las bases con las que controlar el Atlántico norte, que era estratégico, por eso la del Atlántico norte fue la batalla más duradera y más intensa. Islandia está también a medio camino del este y del oeste y eso la convirtió, durante la Guerra Fría, en un lugar de encuentro para grandes eventos como la mítica partida de ajedrez de Fischer contra Spassky en 1973, o para citas de alto nivel político, como la reunión de Gorbachov y Reagan para tratar el desarme nuclear. También tiene una relación fuerte con los países nórdicos y un rol clave para el futuro, sobre todo porque ahora estamos abriendo nuestro comercio con China a través del ártico por el deshielo, una ruta más apenas explotada.

P.-Islandia está también en el foco como laboratorio en cambio climático. Desde el deshielo del calentamiento global hasta la lucha contra las especies invasoras. 

R.- El cambio climático y el calentamiento global nos afecta de lleno, sobre todo en las zonas árticas.Cuando miras a Islandia, el impacto más obvio del cambio climático es el deshielo. Algunos de nuestros glaciares están derritiéndose muy rápido, sobre todo los que tienen conexión con el océano. El más conocido y extenso es el Vatnajökull. Es un lugar muy turístico y se entiende por qué. Si uno viaja a esta parte de Islandia se puede ver en la superficie la huella que deja atrás el glaciar cuando se derrite, la arena que queda al descubierto. El planeta se está calentando y en Islandia se ve en tiempo real.

P.-Uno de los capítulos del libro lleva una cita de un prolífico traductor que dice “Un islandés solo puede nombrar dos especies de árboles: el árbol de Navidad y el que no es de Navidad”.

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R.-Hubo una periodo histórico en que los bosques se extendían por el país, se calcula que entre el 20 y el 30% de la superficie estaba cubierta de verde. Los islandeses los consideramos árboles, pero en realidad eran arbustos, matorrales. En todo caso el país estuvo cubierto de verde, pero se desforestó para conseguir carbón. Además, no podemos olvidar que el principal condicionamiento de Islandia no es el frío o la nieve. Es la lluvia. El viento. El viento en una isla en medio del océano. El viento sopla y lo destruye todo a su paso, se lleva la tierra que sustenta las raíces, puede arrancar los árboles. Los granjeros y agricultores de antes no sabían de esto…y la sobreexplotaron hasta volverla árida.

P.-El libro pretende reivindicar la figura de una mujer muy desconocida, Gudrid Thorbjarnardóttir, la primera exploradora islandesa que creó un asentamiento en América 500 años antes de que llegara Cristóbal Colón y que está poco reconocida incluso en su país.

R.-Es muy difícil cambiar la perspectiva histórica. Siempre hemos honrado en mi país a Leif Erikson, el primer islandés que pisó Norteamérica, que tiene una imponente estatua frente a la iglesia de Hallgrímskirkja, en Reykjavik, y da nombre al aeropuerto. Todos los estudiantes aprenden quién es. Pero en realidad hay muchas más investigaciones sobre Gudrid, la exploradora que no solo vio América, sino que se quedó un tiempo. Le ha costado ser reconocida porque era una mujer.

P.-Pero Islandia es alabada internacionalmente por su igualdad.

R.-Es verdad que según varias encuestas, como el World Economic Forum Index, estamos muy bien situados en los rankings. Tuvimos la primera presidenta mujer elegida a través de un voto directo, Vigdís Finnbogadóttir, en 1980. Estuvo mucho tiempo en el cargo. Y si esto se añade a las medidas políticas que ha impulsado el país por la equiparación entre los dos sexos todo suma a favor de Islandia. Pero habría que preguntarse por otros valores, además de los que se miden.

P.-Se refiere al alto índice de violaciones que registra el país, por ejemplo. 

R.-Eso es. Es evidente que Islandia, que ha tenido éxito a la hora de obtener representación femenina en el parlamento, más mujeres en los puestos directivos de las empresas, más mujeres trabajadoras, no ha conseguido el mismo resultado para frenar la violencia doméstica o las agresiones sexuales. 

P.-Pero el mundo sigue mirando hacia el modelo islandés.

R.-Para llegar donde está, Islandia fue pionera en implementar ciertas políticas feministas que parecían radicales, sobre todo en relación a las empresas. Distintos líderes y gobiernos se han interesado por nuestras políticas, pero no por las razones que imaginamos, no por la justicia o el feminismo, sino porque a la vez que Islandia tiene el nivel más elevado de participación en el mercado laboral de las mujeres y de representación política, también tiene la tasa más elevada de natalidad en Europa. Esto es muy buena noticia. Que tu población tenga muchos hijos e hijas y sigas trabajando es un éxito total. Así que cuando otros países se interesan por nuestras políticas, lo que realmente quieren es lograr este equilibrio entre el incremento de la tasa de natalidad y el aumento de la población productiva en sus países.

P.-Cuenta que cuando los ingleses invadieron Reikiavik en 1940, la primera medida que ejecutaron los oficiales islandeses fue enviar a todos sus niños al interior del país, a casas de acogida protegidas.

R.-Esta es la manera de hacer de siglos y siglos en mi país, trabajamos para mantener el futuro a través de nuevas generaciones. Nuestra tasa de natalidad está descendiendo de todas formas, imagínate si no actuáramos.

P.-¿Y cómo han integradola inmigración? Husavik, en el lejano norte del país, registra una población de 26 nacionalidades distintas.

R.-Estamos en un punto de inflexión en Islandia. ¿Cómo nos entendemos como nación? Estos últimos 15 años ha habido un crecimiento significativo en el número de personas migrantes que han venido a trabajar. En 2002 solo el 3% de la fuerza laboral eran migrantes, pero ahora constituyen el 20% de los trabajadores. Ha sido un cambio bastante fluido: no hay demasiada hostilidad, y aunque estoy seguro de que hay descriminación, aún hay mucho trabajo. Hay otras cuestiones por resolver, como qué pasa con el islandés. No todo el mundo lo quiere aprender, porque o no se quedan mucho tiempo o ya se entienden en inglés.

P.-En el libro explica la polémica que se entabló en el país al rechazar el préstamo lingüístico de la letra Z en el alfabeto. ¿Cómo se consigue proteger el islandés?

R.-Hay dos factores clave. El idioma fue preservado en documentación escrita, las sagas, se dice que Islandia es el único país de Europa que recuerda sus inicios como nación. Los mitos por eso son tan importantes para nosotros, nos describen como nación. Sin las sagas, nuestra lengua se habría fusionado con el danés, y en su lugar el idioma se volvió una cuestión nacionalista, se utilizó para conseguir la independencia y desde entonces, se impulsó su preservación. Si tienes un idioma que te identifica como pueblo, ya tienes más argumentos para independizarte, para ser un Estado con derecho propio. El segundo es el aislamiento. Estamos lejos, somos el antiguo norte, y durante siglos vinieron pocos barcos por aquí. 

P.-Pero esto ha ido cambiando en un mundo globalizado.

R.-Ya no solo es el turismo, la vida cotidiana, sino que es la forma en que la juventud consume los medios de comunicación, las redes sociales, el entretenimiento. Esto está teniendo un gran, gran impacto en nuestro idioma. Y creo que muchas personas, y me incluyo, estamos preocupados.

P.-Islandia está actualmente gobernada por un partido conservador después de varias legislaturas de centroizquierda, que tuvo a Katrin Jakobsdóttir al frente. Puede ser una consecuencia de ese deseo de cerrarse, Islandia está en la OTAN pero no quiere adherirse a la Unión Europea.

R.-Podría ser. Creo que una buena lectura de la realidad. Creo que vamos a ver cómo cambian las políticas hacia la derecha. Los conflictos todavía no han aflorado, no son tan visibles. Se verán en el futuro.

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