Thoreau, apóstol del 15-M… de 1845

El País » 04.06.2013

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“De todas las cosas inexplicables y extrañas, esta de llevar un diario es la más extraña. No se puede decir nada sobre ello. No tiene sentido decir que está bien, y tampoco decir que está mal”. Pese a tanta reserva, el pensador estadounidense Henry David Thoreau (1817-1862), autor de la anotación, construyó a lo largo de 24 años un corpus autobiográfico fragmentado de más de siete mil páginas. Una pequeña porción ve al fin la luz en español en la recopilación El diario. Volumen I (1837-1861), editada por Capitán Swing Libros con traducción de Ernesto Estrella.

Ya licenciado en Harvard, el joven escritor reflexionó acerca de la pertinencia del dietario en 1840. Cinco años después, decidió romper con la civilización y renunció al mundo en una cabaña construida por él mismo en un terreno que Ralph Waldo Emerson le cedió a orillas de una laguna en las inmediaciones de Concord, Massachusetts, ciudad natal de Thoreau. Tituló Walden el recuento de aquellos días. Mezcla de ensayo autobiográfico, tratado de sociopolítica y estudio sobre flora y fauna del lugar, le valió el ingreso en la historia del inconformismo. Dos años después, pasó una de las noches en el calabozo más célebre de la historia de la literatura, ganada por negarse a pagar sus impuestos en protesta contra la esclavitud. De ahí salió su clásico Desobediencia civil, manual de uso pacífico para líderes como Gandhi o Martin Luther King.

Murió hace poco más de 150 años, pero sus ideas permanecen vivas en ámbitos tan dispares como los movimientos sociales aglutinados por el 15-M, el moderno libertarismo cibernético, la fértil cosecha del cine político estadounidense, el revival folk o la vuelta al campo. No tanto por la efeméride como porque sus enseñanzas gozan de un contundente eco de actualidad, los escritos de este sospechoso de múltiples paternidades (padre de la ecología, de la desobediencia civil) protagonizan un curioso fenómeno editorial. Además del libro de diarios (que tendrá en 2014 segunda parte, siguiendo el esquema de la edición estadounidense de New York Review of Books), otras dos jóvenes editoriales se suman a la celebración de la prosa trascendental de Thoreau con un cómic biográfico (La vida sublime, de los franceses A. Dan y Maximilien LeRoy, en Impedimenta) y una nueva traducción y revisión a fondo de Walden (a cargo de Marcos Nava, en Errata Naturae).

“Siempre ha existido interés por Thoreau, pero se ha dado más que nada en la periferia, rara vez en la academia. Como clásico que es, emerge y desaparece. El recurso a su obra crece en momentos de crisis, en la incertidumbre”, explica Antonio Casado Da Rocha, investigador de la Universidad del País Vasco y autor de Thoreau, biografía esencial (Acuarela Libros, 2005). Casado participó la semana pasada en un curso sobre el trascendentalismo del autor estadounidense, organizado por la Casa del Lector de Madrid en otra prueba del reavivado interés por su figura.

 

“Antiesclavista, conservacionista… a Thoreau se le puede caracterizar de muchos modos, pero a nosotros nos fascina sobre todo su dimensión de feroz buscador de sí mismo, y de obseso de la coherencia ética”, explica Enrique Redel, responsable de Impedimenta. “Su obra y su propia vida cotidiana, sus acciones y sus decisiones son”, añade Irene Antón, de Errata Naturae, “un elogio constante de tres cuestiones que resultan determinantes: la libertad individual contra toda institución, gobierno o idea preconcebida; la defensa radical de la tierra como un bien común y la reivindicación de lo salvaje como esencia última de la naturaleza”

Este último sello tiene más pruebas de la fascinación por Thoreau, a quien Machado definió en cierta ocasión como un “intelectual que soñó como latino, y como sajón puso en práctica su sueño”. El rescate del inédito epistolar Cartas a un buscador de sí mismo fue el mayor éxito de la editorial el pasado año. Van por la tercera edición. Con Walden, versión acompañada de ilustraciones, esperan repetir fortuna. Incluso aunque se trate de una obra reiteradamente traducida al español desde 1907 (la más reciente, en Cátedra) de uno de los escritores más admirados de EE UU, donde es reivindicado hasta por los presidentes y una réplica de la célebre cabaña es monumento en el estado de Massachusetts.

¿Qué de nuevo en el Walden de Nava? “Thoreau era una persona intensamente espiritual, capaz de ver belleza en lugares vedados para la mayoría, pero al mismo tiempo era un hombre con dotes extraordinarias para todo tipo de trabajos prácticos, desde la carpintería hasta lo que hoy llamaríamos chapuzas. Esta complejidad, estas paradojas y contrastes aparecen también en su pensamiento, refuerzan un cierto grado de tensión entre lo bello y lo eficaz, entre la poesía y el manual práctico para la vida, y tratar de reproducir eso ha sido una de mis principales preocupaciones”. Nava añade que en su trabajo, “más amplio que el realizado en las versiones previas de Walden, pero sin llegar a la edición crítica para un público estrictamente académico”, uno de los mayores retos aguardaba en las descripciones de la naturaleza: “Thoreau habla de decenas y decenas de especies animales y de plantas, muchas de las cuales se han traducido erróneamente anteriormente, aunque, no se debe olvidar que hoy, gracias a la Red, el acceso a bancos de información, diccionarios especializados… es mucho más sencillo y facilita la labor del traductor”.

En el caso de LeRoy, su biógrafo en cómic, las complicaciones fueron otras: “Paradójicamente, la vida de Thoreau es difícil de retratar debido a su aparente simplicidad. Dejando aparte sus expediciones clandestinas con esclavos fugados, era un hombre más bien solitario. Tenía que dar importancia a toda esa dimensión inmóvil. El registro biográfico está lleno de emboscadas: demasiado lineal, demasiado didáctico”.

Para redondear su retrato en cómic de línea clara, Le Roy incluye en un apéndice titulado Thoreau, un filósofo para hoy una entrevista con el especialista Michel Granger, de la Universidad de Lyon, que aconseja la lectura del Diario recién editado por primera vez en español para adentrarse en las contradicciones de un pensador al que LeRoy pide no confundir “con un hippie”.

Además de consideraciones filosóficas (“Llevo veintitrés años rompiendo mi silencio y apenas sí le he hecho un desgarrón”), opiniones políticas (“Si no fuera por la muerte y por los funerales, dudo de que la institución de la Iglesia durara mucho”), consejos para escritores (“Las frases que son como pequeños actos de elasticidad desde el trampolín de nuestra vida; esas son las buenas”), digresiones oníricas (“Anoche soñé con la pureza”), o reflexiones naturalistas (“El lucio es el halcón, pez de rapiña que planea por encima de los alevines”), el dietario incorpora en su cierre una anotación hecha “en la tapa interior del cuaderno”, en la que se lee:

“Mis defectos son:

Paradojas: decir únicamente lo contrario, en un estilo fácil de imitar.

Ingenuidades.

Juegos de palabras, para provocar risa; no siempre simples, fuertes y amplios.

Uso de máximas y frases de actualidad, cuando debiera hablar por mí mismo.

No soy siempre sincero.

‘En breve’, ‘de hecho’, ‘¡y he aquí!’, etc.

Falta de concisión”.