“Gracias a papá, hasta los 30 no me di cuenta de que me habían violado varias veces”

El Diario.es » 24.11.2017

Coger el autobús por la mañana, ir a una reunión de trabajo o pedir una pizza para cenar son cosas que consideramos cotidianas. Para algunas mujeres, ser manoseadas por un desconocido en el autobús, interrumpidas en una reunión de trabajo por sus compañeros o acosadas por el repartidor de pizza también son cosas cotidianas.

No nos confundamos. Cotidiano no significa tolerable, sino repetitivo, y por eso Laura Bates ha incluido bajo este término las conductas más machistas de nuestra sociedad. La escritora británica se preguntó en 2012 por qué reaccionamos ante las segundas situaciones con la misma pasividad que ante las primeras. “Te miran como: ¿por qué montas este escándalo, mujer? Es tu problema, arréglatelas, no nos obligues a pensar sobre eso”, explicaba Bates en una charla TEDx.

De esta falta de conciencia colectiva surgió el proyecto Everyday Sexism, una web y una cuenta de Twitter en la que animaba a las mujeres a contar lo que en su día a día callaban por vergüenza. Como en el blog Micromachismos, la idea no era destacar la “miniatura” de estos abusos ni lo “rutinarios y mundanos” que son por ocurrir de forma constante, sino precisamente lo contrario.

La sociedad los tiene asimilados como algo demasiado insignificante y corriente para luchar contra ello. Y eso es lo que hay que cambiar. “El sexismo se parece un poco al cambio climático. Los humanos tienden a aferrarse a una conveniente inconsciencia -“yo no lo he visto, así que no puede existir”- a pesar del vergonzoso y pujante conjunto de evidencias que demuestran lo contrario”, compara Bates en Sexismo Cotidiano, el ensayo publicado recientemente en español por Capitán Swing.

El libro es un cúmulo de testimonios en 140 caracteres, entrevistas, datos objetivos, artículos vergonzosos y reflexiones de su autora durante años de investigación.

Bates no ahonda en los detalles de las 150.000 historias que llegaron a su página, precisamente para provocar el efecto de una sucesión dolorosa de cortas punciones. La otra razón es que es un proyecto dedicado enteramente a las mujeres que aportaron su granito de arena. Y ellas no necesitan esos detalles; los vivieron.

Sexismo Cotidiano tampoco interpela a los hombres como hacía Machismo: ocho pasos para quitártelo de encima, de Barbijaputa. Es un espacio para sentirse identificada y reconocer las desigualdades que suelen pasar desapercibidas, no es un exprimidor de recuerdos traumáticos. Hay frases durísimas, como la que encabeza el artículo, pero no hay una persecución del morbo detrás de la confesión.

Un rosario de barbaridades “cotidianas”

“Le conté a mi marido una agresión sexual, pero no me creyó y dijo que debía de haberlo interpretado mal”.
“El fin de semana pasado, mi hermano de 13 años y sus amigos empezaron a clasificar a las chicas de su clase en frígidas, putas y me gustaría violarlas”.
“Con 5 años, un hombre se asomó por encima de la valla del jardín y me pidió que me pusiera a hacer piruetas para verme las bragas”.
“Mi padre me dijo que si alguien viola a una niña, es culpa de la niña. Tenía 16 años y era virgen cuando fui violada varias veces. Gracias a papá, hasta los 30 no me di cuenta de que habían sido violaciones”.
“Hay momentos en los que me gustaría no ser mujer porque estoy harta de caminar asustada por la calle cuando voy sola”.
Todos los anteriores son casos recogidos en el libro y, previamente, en las redes del proyecto de Bates. Aunque sus protagonistas proceden de más de 25 países y son de diferente raza, cultura y orientación sexual, sus sentimientos no entienden de fronteras. Tras una situación de acoso o una violación, primero sobreviene la culpa, después la vergüenza e incluso más tarde el bullying porque “te pasa por portarte como una puta”.

Cuando leen el testimonio del resto de las víctimas, algunas mujeres comienzan un proceso de absolución con ellas mismas y dejan que la rabia se imponga. Por eso, en 2012, esta iniciativa saltó a la primera plana de varios periódicos del planeta como The Guardian, The Times, Independent, Times of India o French Glamour. Eran más de 200.000 mujeres haciendo ruido y reclamando respeto e igualdad a coro.

Mientras que Everyday Sexism se convertía en un fenómeno sin parangón, apoyado incluso por actrices y periodistas anglosajonas, a su creadora le empezaron a pasar factura todas las experiencias traumáticas de las que fue testigo. Ante todo le preocupaba una cosa: “Un efecto muy triste de haber llevado a cabo el proyecto es que ya no me sorprende casi nada”. Le sobrevino el miedo a caer en esa costumbre peligrosa que da nombre a su lucha y que provoca la indiferencia de la sociedad.

Pero es imposible sentirse así leyendo pasajes como los dedicados a las niñas y a las adolescentes. Es en este último donde Bates engloba el testimonio más duro de todos, y eso, entre un arsenal de cientos de miles, es mucho decir. “Incluso a las niñas de 5 años les preocupa su peso”, decía un informe sobre la imagen corporal realizado en 2012 en Reino Unido. “El 33% de las chicas con edades entre 13 y 17 años han sufrido algún tipo de abuso sexual”, destacaba otro.

Esos son los datos objetivos, pero es aún más impactante cuando Bates se desplaza a colegios e institutos para entrevistar a las alumnas. Crecen con muñecas esqueléticas y les meten en la cabeza que “mejor ser tonta que fea”. De un grupo de siete amigas, seis tienen trastornos alimenticios a los 13 años, y las más mayores han dejado de hablar en clase para no llamar la atención de los chicos y así no ser víctimas del bullying, los insultos o los toqueteos.

Esa fue la primera historia que, según cuenta la autora en Sexismo Cotidiano, le conmovió hasta el punto de llorar. No relata una violación, una falta de respeto en una clase de Ingeniería o Física o una riña por no ir lo suficientemente recatada.

Es una chica de 15 años siendo consciente de que no puede escapar de ella misma y de los estándares sociales que le han impuesto. Asumiendo que se castiga por no tener la apariencia perfecta y que eso será una obsesión de por vida, independientemente de sus logros profesionales. Es el relato que precede a todos los demás, y no hay nada que genere más impotencia.