‘Mala feminista’, de Roxane Gay

Marie Claire » 19.12.2016

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En el libro la autora de Nebraska explica cómo la contradicción y el miedo son positivos para aprender a juzgarse, dejar de auto boicotearse y fomentar una conciencia crítica que no trastoque la salud mental.

Las feministas no están constantemente enfadadas. Pero es normal que muchos seres humanos lo piensen porque siempre hay una desigualdad o una injusticia por la que luchar. Y eso, efectivamente, desgasta. En las últimas semanas, el alcalde de Alcorcón (David Pérez García) ha atizado el estereotipo rancio de feminista hablando de “mujeres frustradas, mujeres amargadas, mujeres rabiosas y mujeres fracasadas como personas”. Aunque lo realmente preocupante es no haber descubierto todavía a todos los que piensan como él.

Ejercer de feminista y honrar al término como mejor se puede o se sabe es una preocupación constante que llega a convertirse en obsesión. Por eso, Mala feminista (Capitan Swing) de Roxane Gay (Nebraska, 1974) es un libro que aligera la carga emocional de quien se sabe imperfecta y percibe su cabeza como una madeja enredada en la que se avista con claridad una única palabra: igualdad.

En Mala feminista esta autora, que también es profesora de la Universidad de Purdue y colabora con medios como The New York Times, aborda temáticas como el aborto, la sexualidad, la relación de amistad entre mujeres o la diferencia de salarios entre féminas y hombres (en España, por cierto, es del 18% según el último informe de Eurostat publicado el pasado marzo). A través de ellas, y a base de experiencias personales, ha conseguido explicar a la perfección cómo las contradicciones deben invitarnos a la reflexión y no conducirnos al autocastigo.

Las mujeres, a veces, somos muy kamikazes con nosotras mismas. Las palabras de Gay (en las que se muestra valiente, sincera y autocrítica) nos han enseñado a juzgarnos, no a auto boicotearnos.Y eso, se agradece.

A esta activista, a quien no le importa admitir que le gusta la moda, las revistas especializadas o el color rosa, también le “encantan los diamantes” y el “exceso en las bodas”. Algo que se supone que no debería suceder porque una feminista, según quienes se agarran a la imagen más cuadriculada y antigua de lo que se supone que representa el término, ¿es alguien que viste con un dudoso gusto? ¿Es alguien que no puede llevar una mechas perfectas y una manicura impecable mientras se lucha por la igualdad salarial? ¿Es alguien que no debe recrearse con lo bello por ser bello? ¿Es alguien que debe pertenecer al proletariado? ¿Es que acaso ser esposa y madre es un estado civil que no permite ni lucha ni reivindicación de derechos?

La escritora además admite que le gusta mucho el rap pero se siente culpable por ello a propósito de la repetición, en bucle, de la palabra bitch (puta) en las letras tan machistas que facturan. Una prueba de ello la da en el libro con el extracto del tema Salt shaker, de Ying Yang Twins (una banda de rap de Atlanta que lleva casi 20 años en activo): “Puta, tienes que menearlo hasta que te duela el coño”.

Mención especial al rapero Chris Brown en el libro. A Brown le dedica el capítulo Queridas jóvenes que adoráis tanto a Chris Brown que le dejaríais golpearos. En él relata lo defectuosos que es el sistema judicial y la sociedad estadounidense por no castigar los actos intolerables de este hombre de 27 años que tiene una hija, Royalty, con la que posa en la portada de su último disco de una forma tan tierna como engañosa.

Quizá es así, apelando la sensibilidad, como consigue que sus fans le justifiquen y le apoyen en redes sociales cuando ejerce la violencia (le dio una paliza a Rihanna en 2009; también golpeó en la cara a un espectador que le recriminó que no se levantara cuando sonó el himno de Estados Unidos en un partido de baloncesto); cuando apunta con una pistola a alguien (como sucedió con la modelo Baylee Curran) o cuando se partió la cara con Drake (con el que, por cierto, después se reconcilió) en un garito, en 2012, en Nueva York.

Cómo bien dice Gay en el libro “ay, pobre feminismo. Cuánta responsabilidad se vuelca sobre los hombros de un movimiento cuyo propósito fundamental es conseguir la igualdad entre hombres y mujeres entre todos los ámbitos”.

Autora del artículo: María Ballesteros