La epopeya bolchevique

Historia y Vida » 28.09.2017

El pueblo ruso se alzó contra la injusticia, derribó la cruel autocracia zarista y puso a Lenin al frente de la dictadura del proletariado. El problema de este resumen de la Revolución Rusa en 140 caracteres es que omite que Lenin no acabó con el zarismo, sino con el primer intento de convertir Rusia en una democracia. “Querían que Rusia fuera una república constitucional, como Francia o Estados Unidos, o una monarquía constitucional, como Inglaterra –escribe John Reed en el prólogo de Diez días que sacudieron el mundo–.

Las masas populares, por su parte, querían una verdadera democracia industrial y agraria”.
John Reed (Portland, 1887-Moscú, 1920), el cronista más entusiasta de la insurrección bolchevique (¡está enterrado en el Kremlin!), prefería la pasión a la objetividad y tenía claro cuál era su bando. “Durante la lucha, mis sentimientos no fueron neutrales. Pero, al contar la historia de aquellos días heroicos, he intentado mirar los hechos con los ojos de un reportero concienzudo e interesado en consignar la verdad”. El reportero llegó a Petrogrado en septiembre de 1917 y, como destacó la revolucionaria Nadezhda Krúpskaya (esposa de Lenin) en el prólogo a la primera edición rusa, sin saber ruso. No importa; estaba en el lugar preciso y en el momento adecuado.

Lenin el gigante
La suerte sonrió a su tenacidad. Reed se unió enseguida a los bolcheviques y fue testigo privilegiado de los preparativos del golpe y del éxito de la insurrección. Su relato, repleto de momentos emocionantes, atrapa desde el principio y muestra las claves del triunfo bolchevique: el hartazgo de la guerra, la soberbia ceguera de Kérensky y, sobre todo, la energía infinita de Lenin. Acierta Fernando Vicente al retratarlo como un gigante y convertirlo en protagonista de muchas de las hermosas imágenes que ilustran la nueva traducción de Íñigo Jáuregui, que agiliza, y mucho, las anteriores y que reclama su lugar desde el título: los días ya no estremecen, sacuden.