El horror

La Opinión de Murcia » 29.10.2016

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La masacre de Nanking es una de las páginas de la Historia más controvertidas. Un interesado manto de silencio cayó sobre las atrocidades que cometió el ejército japonés sobre la población indefensa de esa ciudad china en 1937. El excelente trabajo de Iris Chang intenta restañar una herida aún abierta.

LO QUE VOY A CONTAR A CONTINUACIÓN ES LO CONTRARIO DE UNA HISTORIA AGRADABLE; de hecho, es tan desagradable que no puedo recomendar su lectura a nadie que no tenga un estómago fuerte. Porque es la historia de unos crímenes y horrores casi inimaginables, la historia de las abominaciones de una horda de criminales degradados y de increíble bestialidad, sobre una gente pacífica, amable y cumplidora de la ley. Creo que no tiene parangón en la historia moderna”. Esto lo escribió en su diario el norteamericano George Fitch, destacado dirigente de la YMCA y testigo directo de las atrocidades cometidas por el ejército japonés tras ocupar la ciudad china de Nanking, en diciembre de 1937. Fitch logró rescatar ese diario y una buena cantidad de rollos de película, en los que se detallan los terribles crímenes cometidos por los soldados japoneses durante las primeras semanas de ocupación. gracias a ese material, el mundo pudo conocerlo sucedido en la que era la capital de China
cuando Japón invadió el país,pero apesar de la gravedad de aquellas acción es un manto de silencio sepultó la conocida como violación de Nanking hasta ahora.

Iris Chang, cuyos abuelos escaparon de aquella masacre casi de milagro, intenta con este impactante trabajo llamar la atención sobre un acontecimiento extrañamente olvidado exponiendo con una claridad dolorosa unos hechos no aptos para todas las sensibilidades. La violación de Nanking es el fruto de un esmerado trabajo de investigación, que Chang demuestra desplegando la enorme cantidad de fuentes consultadas en profusas notas a pie de página que llenan el libro, y con él pretende reivindicar el derecho de las víctimas a recibir una justa reparación por parte no sólo del gobierno japonés, sino de todos aquellos que contribuyeron a ocultar uno de los episodios más atroces de la historia.

Lo narrado aquí es realmente inconcebible, pero basta con buscar en internet las fotografías que existen sobre aquellos sucesos (algunas de las cuales ilustran el libro),para comprobar que nada de lo que Chang narra en este ensayo es fruto de la imaginación. Ya la vez, esa galería de los horrores penetra el intelecto haciendo imposible no preguntarse dónde está el límite de la razón: niños ensartados en ballonetas, calles cubiertas de cadáveres destripados, empalamientos, crucifixiones, miles de mujeres violadas y luego torturadas hasta la muerte, humillaciones, asesinatos arbitrarios y en masa, enterramientos envida…
una especie de ensayo general de lo que luego ocurriría en Europa durante la contienda mundial,pero en el caso de Nanking perpetrado en unos pocos días y en una sola
ciudad:una auténtica maquinaria desquiciada de muerte y aniquilación.

Chang estructura su libro en tres partes que desarrollan el discurso que pretende compartir con el lector:la primera detalla el proceso en sí de la ocupación y posterior aniquilación de la población de Nanking, narrado en un tono contenido pero rotundo, sin detenerse en los detalles, pero nada epidérmico, pues es imposible serlo cuando se trata de exponer no sólo un catálogo de atrocidades sino, y eso es lo más interesante, un análisis certero de las razones que llevaron a aquellos soldados a hacer lo que hicieron, así como un relato nada condescendiente de los esfuerzos de los occidentales que permanecieron en la ciudad para proteger a sus habitantes. Las segunda y tercera partes son quizá más interesantes y si cabe escalofriantes,pues si en la primera expone cómo las autoridades japonesas intentaron ocultar al mundo semejante atrocidad, a base de propaganda y acuerdos tácitos de no agresión o colaboración comercial con los países occidentales, es el último tramo de la obra donde surge el espíritu reivindicativo de una autora que sintió esos acontecimientos de una forma muy íntima, al denunciar que aún hoy no es posible conocer el alcance de la masacre en toda su extensión y la escasa atención que se le dispensa en ámbitos académicos y científicos. Una realidad impuesta por intereses que van más allá de la dignidad.

No es por tanto este un libro para todos los públicos,pero sí para ser divulgado como un documento extraordinario y necesario que ha de contribuir a restañar una herida aún abierta injustificadamente.

Autor del artículo: Antonio J. Ubero