Diez días que sacudieron el mundo

Abc Blogs » 03.01.2018

El reciente año que hemos pasado (2017), fue el centenario de una de las revoluciones que marcaron la historia en Europa durante varias décadas. Esa acción y efecto de revolver o revolverse y que supuso un cambio profundo, generalmente violento, en las estructuras políticas y socioeconómicas de una comunidad nacional cono fue la rusa, marcó las vidas de muchos, además de marcar una vía política que ganó en esa parte de Europa, pero que al cabo de los años ese levantamiento o sublevación popular que desembocó en una nueva forma de gobierno, a día de hoy, queda obsoleta. Solo hay algún reducto de país que mantiene esas políticas “para el pueblo”.

Estoy hablando de la Revolución de Octubre, también conocida como Revolución bolchevique, fue la segunda fase de la Revolución rusa de 1917, tras la Revolución de Febrero. Se produjo en la fecha 25 de octubre de 1917 que corresponde al calendario juliano vigente en la Rusia zarista, después abolido por el nuevo Gobierno bolchevique. En el resto del mundo occidental, bajo el calendario gregoriano, los sucesos se iniciaron el día 7 de noviembre de 1917.

Una revolución que se produjo durante la Primera Guerra Mundial, en la que la insistencia del Gobierno provisional -tras la caída del zar- en continuar la guerra —muy impopular entre la ciudadanía— impedía la aplicación de las profundas reformas que exigía la población. La ausencia de estas hizo que el programa bolchevique, reflejado en sus consignas de «Paz, pan y tierra» y «Todo el poder para los sóviets (consejos ciudadanos)», ganase partidarios rápidamente. La crisis económica, que se había agravado desde el verano, la amenaza del frente para los soldados de la capital, la desilusión entre la población, el hambre y el respaldo al Gobierno provisional de la mayoría de los partidos favoreció a los bolcheviques, que desencadenaron una intensa campaña de propaganda en la capital del momento, Petrogrado.

No voy a desarrollar aquí qué fue y qué supuso esta revolución y contrarrevolución, para ello están la cantidad de novedades que se han publicado a lo largo de los últimos meses en las librerías que se han llenado tanto de clásicos de la literatura, ensayo y filosofía soviéticas.

Pero hay uno que ha destacado en ese mar de novedades, y es la cuidada recuperación del clásico de John Reed (1887-1920), Diez días que sacudieron el mundo, en edición conjunta de Nórdica Libros y Capitán Swing. Un gran clásico del reporterismo internacional, ilustrado para la edición por el siempre vibrante, genial y con un estilo diferenciador del gran ilustrador/artista Fernando Vicente (Madrid, 1963). Desde la nueva traducción de Íñigo Jáuregui, ofrece una nueva visión fresca de cómo Reed retrató y dio a conocer lo que estaba ocurriendo en esos días tan intensos como fríos. “Al margen de lo que se piense del bolchevismo, es innegable que la Revolución rusa es uno de los grandes acontecimientos de la historia humana, y el surgimiento de los bolcheviques, un fenómeno de importancia mundial. Igual que los historiadores investigan hasta los más ínfimos detalles (…), también querrán saber qué ocurrió en Petrogrado en noviembre de 1917, conocer el espíritu que alentó al pueblo, qué aspecto tenían sus jefes, cómo hablaban y actuaban”. Ésta es la razón por la que Reed escribió este libro. Cuenta que durante la lucha sus sentimientos no pudieron ser neutrales. Pero que al contar la historia de aquellos días heroicos para unos y terribles para otros, intentó mirar los hechos cono los ojos de un reportero concienzudo e interesado en consignar la verdad.

Publicado casi dos años después (1919) de aquellos acontecimientos, Reed consiguió recoger a través de sus notas, una magnífica cobertura periodística de un suceso que cambió el mundo, además de tener el hándicap de que los medios de comunicación (radio y diario), sufrieron una enorme transformación durante todo el proceso de la Primera Guerra Mundial. En los países que participaron del conflicto se comenzó a utilizar esa vía informativa de masas como propaganda y los corresponsales dependían principalmente de los comunicados oficiales y la utilización de la telegrafía era considerada vital en el desarrollo bélico. Los despachos internacionales llegaban, en algunos casos, a los periódicos con dos y hasta tres días de demora. Por eso, debían aclarar en cada una de las informaciones las fechas en las que se escribió el texto, ya que los distintos envíos podían ser, a veces, contradictorios. Entonces, al publicar el libro, se ofrece una visión serena y concienzuda desde la distancia de los acontecimientos.