Desmontando el milagro escandinavo: hasta el moño de tanta perfección

El Mundo » 31.03.2017

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Llega a España ‘Gente casi perfecta, el mito de la utopía escandinava’, el polémico libro de Michael Booth, dispuesto a acabar con la fiebre nórdica

Estupefacto ante que Dinamarca fuera unánime y repetidamente considerado el país más feliz del Mundo (título que ahora ostenta Noruega), el periodista británico, residente en Copenhague, Michael Booth decidió escribir ‘Gente casi perfecta‘. El libro acaba de llegar a España con la editorial Capitán Swing. “Estaba cansado de abrir revistas y que siempre contaran lo guay que es ser nórdico, el ‘hygge’, el ‘sisu’, cómo son de felices y guapos…“, cuenta a ZEN su editor, Dani Moreno. “Descubrí a este tipo y aunque en algunos aspectos es un poco injusto, como en los temas sociales, en el resto de cosas creo que da bastante en el clavo”, añade.

Esencialmente puede decirse que en sí el libro y las críticas que encierra es injusto, puesto que ningún país nórdico se ha jactado en ningún momento de ser el más feliz, el más seguro, el más pacífico o el más igualitario. Son atributos que los organismos internacionales atribuyen, y que los medios repetimos, a unas sociedades que básicamente están satisfechas con lo que han conseguido.

No eran las más ricas (salvo por el sorpresón noruego en los pasados años 70 con el descubrimiento del petróleo) y llevan décadas encabezando el ránking del desarrollo. No fueron bendecidos con un clima clemente y lo remediaron no sólo redecorando sus vidas con diseños imitados hasta la saciedad, sino que el mundo entero los ha importado. No tenían una tradición culinaria sofisticada y llegó un tipo llamado René Redzepi y desencadenó una revolución gastronómica que cambió el modo de comer para mucha gente…

Pero para el autor, el motivo de esta fiebre escandinava que vivimos en el resto de Europa responde a que nuestro conocimiento sobre estos países es “ridículamente escaso”. “Escandinavia es una auténtica ‘terra incognita'”, sostiene. “Los romanos ni siquiera se preocuparon por ella. A Carlomagno no pudo importarle menos”, añade con un tono tan colonialista que cuando al ministro finlandés Alexander Stubb le preguntó ‘The Guardian’ su opinión dejó caer un: “Es difícil tomar en serio las críticas del autor, teniendo en cuenta que proviene de un país todavía dependiente de un sistema de fontanería victoriano. Al menos en Dinamarca, Booth puede darse una ducha caliente cuando quiera“.

Para acabar con esta “ignorancia”, el autor emprendió una ruta que le “llevaría desde mi hogar (en Copenhague) en la campiña danesa a las glaciales aguas del Ártico noruego, a los sobrecogedores géiseres de Islandia y a las tierras baldías del complejo de viviendas sociales más notorio de toda Suecia; de la gruta de Papá Noel a Legoland, y de la Riviera danesa a los guetos de inmigrantes”. Todo ello porque “una vez empiezas a examinar con más detenimiento las sociedades nórdicas y las personas que las componen, cuando vas más allá de los tópicos escandinavos que hoy en día nos ofrecen los medios de comunicación occidentales (…), una imagen más compleja, a menudo más oscura y en ocasiones bastante preocupante comienza a aflorar”, escribe en el prólogo.

El prólogo, por cierto, es mucho más provocador que el resto del libro que se divide en los cinco países nórdicos -Dinamarca, Islandia, Noruega, Finlandia y Suecia-, con sus respectivos capítulos temáticos, y concluye con un epílogo. El tono es por momento agresivo, y no deja de basarse, tanto como critica, en estereotipos y tópicos: “¿Dónde estaba el debate sobre el totalitarismo nórdico y lo estirados que son los suecos; sobre lo mucho que se han corrompido los noruegos a causa de su riqueza petrolífera, hasta el punto de que ni siquiera se molestan en pelar sus plátanos; sobre el hecho de que los finlandeses se automedican hasta perder la consciencia; sobre cómo los daneses se niegan a aceptar su deuda, el desvanecimiento de su ética laboral y su lugar en el mundo; y sobre cómo los islandeses son, fundamentalmente, unos salvajes?”, se pregunta.

Sin embargo, una vez que nos adentramos en cada país, el tono general es más relajado, sus capítulos son por las temáticas elegidas realmente interesantes, están bien documentados, escritos en un estilo con ritmo y ameno (o, al menos, el libro está muy bien traducido) y cuentan con entrevistas a personas relevantes. Sin duda, se trata de una lectura que va más allá de los reportajes de viajes y que pone en perspectiva a estas sociedades casi perfectas.

Al final hay que darle la razón cuando anuncia en el prólogo: “¿Cómo confío en mantener vuestra atención durante todo este libro? La respuesta es sencilla: encuentro a los daneses, suecos, finlandeses, islandeses e incluso a los noruegos absolutamente fascinantes, y sospecho que a vosotros os sucederá lo mismo una vez averigüéis la verdad sobre lo brillantes y progresistas, aunque también más raros que un perro verde, que pueden llegar a ser”.

Autora del artículo: María Fluxá