A los países nórdicos no les gusta esta publicación

PlayGround » 20.03.2017

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Un periodista se ha dedicado a reunir los trapos sucios del mito nórdico. Si estás acostumbrado a leer sobre lo bien que lo hacen estos países, mejor échale un ojo a esta publicación

En la última década hemos asistido a un boom mediático sobre la fiebre escandinava que, a pesar de su pésimo clima y oscuridad, ha despertado en sus vecinos del sur una especie de fanatismo y de ideal de vida a seguir.

Su civismo, su índice de igualdad de género, su desarrollado estado del bienestar, su escasa corrupción o su excelente calidad educativa capaz de crear sociedades más avanzadas son un pequeño aperitivo del sueño de todo europeo. Ellos nos han dado Ikea, Nokia, el Bluetooh y Lego. Hasta ganan Eurovisión con un grupo de orcos. Sin embargo, hay un hombre que se ha lanzado a criticar a estas “sociedades casi perfectas”, para mayor tranquilidad de los sureños europeos y para gran cabreo de sus protagonistas.

El periodista Michael Booth, británico afincado en Dinamarca, ha escrito el libro Gente casi perfecta (Capitán Swing, 2017) donde recoge, tras un exhaustivo recorrido por sus cinco países —Dinamarca, Suecia, Noruega, Finlandia e Islandia— y tras centenares de entrevistas, el lado más oscuro de los escandinavos.

Antidepresivos, alcoholismo, mercado negro y armas

Dinamarca lleva ganando desde 1973 todos los ránkings internacionales de felicidad. Está considerado el país más feliz del mundo y sin embargo es el segundo de la lista, por detrás de Islandia, en consumir antidepresivos. Una de las razones es que, al igual que sucede son el resto de sus hermanos escandinavos, admitir que eres infeliz o que no estás pasando el mejor momento de tu vida es considerado como un acto vergonzoso.

Vergonzoso también podría considerarse su sistema de salud privatizado donde para ir a urgencias hay que pedir “cita previa” con el doctor. Y hablando de salud, el periodista Booth incluye también en su libro que los daneses tienen la peor salud de toda Europa: aquí se encuentran las tasas más altas de tabaquismo y por ende de cáncer, además de obesidad, adicción al azúcar y los mayores productores y consumidores de grasas saturadas.

En eso de no admitir los problemas, quien más se le asemeja es Finlandia. Si bien son los islandeses son los que mayor cantidad de antidepresivos toman, los finlandeses tampoco andan lejos. Su cultura de mostrar solo la cara afable y el “todo va bien”, siendo incapaces de demostrar sus sentimientos cuando las cosas se tuercen, incluso a sus familiares o amigos más cercanos, les ha llevado a consumir altas tasas de alcohol para huir de los problemas. Una estampa muy habitual en Helsinki es encontrar a ejecutivos borrachos a las 5 de la tarde fumando en la puerta del bar.

Sí, a las 5 de la tarde, porque los finlandeses, junto a los daneses, son los que menos horas trabajan, después de los belgas.

Concretamente trabajan 1.559 horas y tienen 6 semanas de vacaciones.

De esta mezcla de alcohol y antidepresivos se salva Suecia. Sin embargo, el país que ha conseguido decorar millones de hogares europeos también esconde un turbio secreto: Suecia, el país considerada amante de la paz y de la conciencia moral, es uno de los principales productores de armas y munición para muchos puntos polémicos del globo. Material de guerra sueco ha sido encontrado en el Extremo Oriente, Vietnam, India, Indonesia y en Irán e Irak. Todo esto a pesar del hecho de que la normativa sueca prohíbe la exportación de armas a países en guerra o con conflictos internos que pudieran dar lugar al uso de las armas. De hecho, la idea moral que se esconde tras esta normativa es que Suecia debería vender armamento sólo a aquellos países que no planean usarlo.

Hipocresía medioambiental, xenofobia y educación no incluyente

Hablando de hipocresía y habiendo excluido a Noruega de los vicios de sus hermanos escandinavos, el petróleo y la matanza de ballenas merece especial mención para los principales exportadores de varitas de pescado. Los noruegos se jactan de utilizar energías renovables a la vez que su economía se ha basado, en los últimos 30 años, en la explotación y exportación de gas y petróleo. Supone un 47% del PIB y es el tercer país exportador de petróleo a nivel mundial que da de comer a unas 80.000 personas.

La pesca es otro de los principales ingresos para la economía noruega y, concretamente, las ballenas que venden para consumir en Japón. Solo el año pasado se mataron en Noruega 591 ballenas minke, pese a las prohibiciones internacionales de caza comercial y compra venta de productos de ballena. Este año, desgraciadamente, la cifra aumentará de manera escandalosa. A principios de febrero, el departamento de pesca de Noruega anunciaba que incrementaría la cuota que permite cazar ballenas a 999 ejemplares. Eso convierte al país escandinavo en el líder asesino de ballenas, con más muertes a sus espaldas que Islandia y Japón juntos. El 90% de las ballenas estaban embarazadas.

En cuanto a xenofobia se refiere, Noruega también se lleva la palma, aunque no dista mucho de Suecia. Si bien ambos países han sido los que mayor número de refugiados han acogido, el crecimiento de los partidos xenófobos tampoco ha pasado desaparcibido. La matanza que llevó a cabo Anders Behring Breivik en 2011 fue un duro golpe para Noruega. Sin embargo, en septiembre del mismo año, el partido de derecha anti-islamista del cual formaba parte Breivik consiguió un 16,3% de los votos en la elecciones generales, suficiente para llevarlo a un gobierno de coalición por primera vez en su historia.De las peticiones de asilo que se realizaron a Noruega, solo se aprobaron la mitad ( unas 5.000 personas)

Lo mismo ocurre en Suecia. Pese a ser el país que mayor ejemplo ha dado a la hora de dar asilo a refugiados de la guerra Siria (hasta 9.000), la integración es cada vez más complicada: El gobierno les dota de una casa y de dinero para poder vivir, pero a la hora de sentirse integrados los refugiados aseguran que hay muchas barreras. No solo el idioma, sino el crecimiento del miedo y desconfianza hacia todo lo que haga referencia al islam.

El desempleo en Suecia —que ya alcanza el 20% de en los menores de 25 años— y en Dinamarca parecen estar propiciando un halo de desconfianza hacia los inmigrantes, que cada vez más se concentran en guetos a las afueras de la gran ciudad.

“Busca en Alcohólicos Anónimos”

Islandia ocupó las portadas de los medios internacionales cuando se destapó uno de los mayores casos de corrupción política que han llevado al país al borde de la bancarrota. Fue antes de que estallara la crisis. Entre 2003 y 2008, los tres bancos principales de Islandia pidieron un préstamo por un valor superior a a los 140.000 millones de dólares, una cifra equivalente a diez veces su PIB. Un puñado de empresarios, alentados por el Gobierno, se gastaron el dinero en fiestas, lujos, alcohol y en comprar equipos de fútbol.

El Gobierno, incapaz de pagar la deuda, se vio forzado a retirar la corona islandesa de los mercados económicos y a aceptar préstamos del FMI y de otros países que ascenderían a más de 4.000 millones de libras, dejando al país en quiebra. Nadie ha sido encarcelado y el presidente ha vuelto a ser reelegido. Lo que sucedió en Islandia parece de los más antinórdico, pero la realidad es que en Islandia la concentración de poder, de los medios de comunicación y del negocio está manos de unos pocos ideólogos extremos.

Como bien explica el poeta Sindri Freysson al periodista Michael Booth, Islandia es una sociedad tan pequeña que los hombres de negocios, los reguladores, los medios de comunicación y los políticos terminan juntos en la cama. “Si quieres entender cómo se contrata aquí a alguien en una empresa -explica Freysson- primero empiezas buscando su conexión política. Si no va por ahí, echas un vistazo a su conexión familiar y si tampoco va por ahí solo queda una opción: Alcohólicos Anónimos”.

Autora del artículo: Clara Gil