Colección Especiales

Gente casi perfecta

El mito de la utopía escandinava

Michael Booth

Traducción de Lucía Barahona
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Un libro de viajes ingenioso, informativo y popular sobre los países escandinavos y cómo pueden no ser tan felices o tan perfectos como suponemos. El periodista Michael Booth ha vivido entre los escandinavos durante más de diez años y ha ido sintiéndose cada vez más frustrado ante la visión color de rosa de esta parte del mundo ofrecida por los medios occidentales. En este oportuno libro parte desde Dinamarca, su hogar adoptivo, para embarcarse en un viaje por los cinco países nórdicos y descubrir quiénes son estas curiosas tribus, los secretos de su éxito y, lo más intrigante de todo, lo que piensan unos de otros. ¿Por qué los daneses son tan felices, a pesar de tener los impuestos más altos? ¿Los finlandeses tienen realmente el mejor sistema educativo del mundo? ¿Son los islandeses tan feroces como a veces aparentan? ¿Cómo están gastando los noruegos su fantástica riqueza petrolera? ¿Y por qué todos odian a los suecos? Michael Booth explica quiénes son los escandinavos, cómo difieren y por qué, cuáles son sus caprichos y debilidades, y explora por qué estas sociedades se han convertido en tan exitosas y modélicas para el mundo. A lo largo de este recorrido surge una imagen más matizada, a menudo más oscura, de una región plagada de tabús, caracterizada por un parroquialismo sofocante y poblada por extremistas de diversos matices.

Ficha técnica

ISBN: 978-84-946453-5-8 PVP: 23 € 480 páginas Tamaño: 14x22 cm Encuad: Rústica con solapas Portada en alta calidad

Michael Booth

Reino Unido
Es autor de cinco obras de no ficción, y sus escritos aparecen regularmente en The Guardian, The Independent, The Times, The Telegraph y la revista Condé Nast Traveler, entre muchas otras publicaciones a nivel internacional. Es el corresponsal británico en Copenhague para la revista Monocle y la radio Monocle 24, y viaja regularmente para da...

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«Una deconstrucción humorística de la creencia de que las naciones nórdicas son un paraíso social» The New Yorker